Escribamos, escribamos. Hagámoslo con gusto y ganas puesto que la hay, aunque no haya tiempo y tal vez tenga que suspender este texto a última hora. Desde noviembre no he escrito en estas páginas y creo que llegó la hora de hablar de mi última lectura: Soror. Mujeres en Roma de Patricia González Gutiérrez, publicado físicamente en el año 2021 y leído, en formato electrónico por mí, en estos días de enero del 2026 mientras me traslado de mi trabajo a mi casa y viceversa. Su lectura empezó con un regustillo algo ácido mientras me tropezaba a cada paso con la famosa palabra "género" que hoy aparece por todas partes para tratar el tema de las mujeres en presente y, por supuesto, en pasado. Una barrera que franqueé esperando encontrarme con una época que siempre me ha fascinado. Y si, finalmente, en cuanto la autora entró en materia, pude disfrutar del contenido del libro. Disfrutarlo mientras aprendía un poco más sobre Roma, sobre su cultura y sobre como era ser mujer dentro de ella. Por supuesto, tuve que soportar una crítica feroz con visión de género pero, seguí adelante formándome mi propia idea a partir de los innumerables datos que aportaba la autora. Me leí el libro desde su portada a sus notas, pasando por su bibliografía, y me di cuenta que había mucho de rescatable en él, a pesar de mi primera impresión. Algo que puedo agradecer a la autora es que se acercó al tema de la manera más objetiva posible y que me desveló la crudeza de la situación de la mujer en Roma. Una crudeza que tienen que ver con el pasado, ciertamente. Romantizar el pasado no nos lleva a nada bueno y, por el contrario, se pierde objetividad y lógica al tratar de exponer la situación real de cualquier época. Aquí, en este libro que no deja de estar dirigido al público en general, se explica precisamente eso empezando por el inicio de la concepción, a lo que le sigue la infancia y, después la toma de responsabilidades a edades que se nos antojan muy tempranas pero que, vista desde la propia visión de la época no lo es en absoluto. Para nosotros, una muchacha de 14 años se nos hace apenas una niña; sin embargo, hace aproximadamente dos mil años, a los 14 eras ya considerada una mujer núbil lista ya para poder formar una familia, así que la crítica referente a esa situación no deja de ser curiosa. La autora explica muchas cosas que tienen que ver con las mujeres romanas, desde el no poder tener un nombre propio, hasta la dureza de la supervivencia una vez alcanzada la vejez, cuando la función de la reproducción dejaba de estar presente. Sin duda fue triste la situación de la mujer en Roma pero tenía sus compensaciones que Patricia González Gutiérrez aborda sin énfasis dándole una mayor importancia a todo aquello que hace contraste con nuestra sociedad actual.
A pesar de todo, me gustó mucho que trajera a la memoria el nombre de romanas comunes dedicadas a una vida común, más allá de todas aquellas que pasaron a la historia con vidas y reputaciones complicadas. Si, me gustó mucho que diera voz en sus páginas a mujeres, a jóvenes y a niñas, a libres y a esclavas, a plebeyas y a patricias. Me resultó muy satisfactorio leer sobre costumbres que no nos son del todo ajenas, y entender que la actual sociedad occidental es la heredera de aquel mundo en el cual solemos reconocernos aunque en ocasiones nos cueste. Una sociedad romana sin amor romántico y con un profundo nivel de pragmatismo que solía dejar atrás, sin remordimiento de conciencia, todo aquello que la amenazaba, fuera una vida imposible de sostener o principios que atentaban contra la supervivencia del grupo social. Una sociedad llena de vericuetos donde evitaban encariñarse con los niños porque más de la mitad de ellos no llegaba a la vida adulta y que, de la misma manera, les costaba hacerse cargo de sus mayores cuando hacer esto implicaba frenar el desarrollo de la sociedad en su conjunto. Puede parecernos insensible todo este planteamiento pero no deja de ser lo que se hacía en todas las sociedades de supervivencia, como la mexica, por ejemplo, sin tener mayores opciones para variar la situación. Y bueno, luego llegó el cristianismo y con él una visión un poco más amable del prójimo que influyó durante el final del imperio de Occidente. La última parte del libro es particularmente interesante por lo que aporta en relación con las mujeres que detentaron el poder por pertenecer ellas mismas a familias poderosas. De inmediato entendí que la sociedad romana no era muy diferente de la sociedad china contemporánea de ella en donde las mujeres vivían circunstancias similares y donde eran criticadas también por las mismas razones. Podemos zanjar la discusión diciendo que ambas eran sociedades estrictamente patriarcales en donde la mujer se la veía disminuida con respecto a su contraparte masculina que era, finalmente, la que hacía política, guerreaba y detentaba el poder. Pero eso sería simplificarlo mucho. Cuando las mujeres no hemos podido estar en primera fila haciendo lo que hace un hombre, siempre nos hemos valido de ellos para llegar a donde realmente queremos llegar sin importarnos las consecuencias. Hemos sabido aprovechar las circunstancias de ser esposas de o madres de y, en ocasiones, hasta ser hijas de, sin necesitar estar en primera fila. Hemos sido ambiciosas, como ellos; calculadoras, como ellos; manipuladoras, como ellos y hemos manejado situaciones, incluso mejor que ellos, sin que nadie tenga el poder de hacernos sombra, ni siquiera ellos. Así fue en Roma y así es en la actualidad. Y, por supuesto, hemos pagado el precio por hacer lo que nos da la gana en un mundo diseñado y ordenado por hombres. Es cierto que hoy tenemos más oportunidades, muchas más de las que tuvieron las mujeres en Roma para hacer nuestra sacrosanta voluntad sin pedir permiso pero, hubieron mujeres en el pasado que también la tuvieron y que tampoco pidieron permiso para llevarla a cabo, aunque tuvieran que pagar un precio muy alto respecto a su reputación o con respecto a su vida en general. Hoy, las reivindicaciones de género tienen más que ver con la política que con el respeto natural que la sociedad nos debe por ser seres humanos tan hábiles y capaces como cualquiera, independientemente de ser mujeres o de ser hombres.
Por último, solo comentaré que si me preguntaran si recomendaría su lectura, yo contestaría que si, que la recomiendo para todo aquel interesado en la cultura romana y, en específico, interesado en la vida de las mujeres. Porque, ya es hora que reivindiquemos el tener acceso a la narrativa de una historia diferente en donde se nos muestre la cotidianeidad del pasado al margen de los grandes hechos, de los grandes nombres y de las enormes batallas con cientos y miles de muertos. Finalmente, ellos, los que aparecen en los libros de Historia son unos cuantos mientras que nosotros, con nuestras vidas comunes, nos contamos por millones.



Comentarios