miércoles, 17 de febrero de 2010

Página dieciocho: Miércoles de Ceniza

Mi muy querido y atento lector: Desde la última vez que me dirigí a ti, concluí la lectura de dos libros e inicié la lectura de un tercero. Vi unas cuantas películas de no mala factura y hasta me fui a ver a mis padres cerca de Puebla. La verdad es que no está siendo un mal inicio de año, lo reconozco. Hoy, comenzando la Cuaresma, me doy cuenta que hay proyectos, tanto personales como de trabajo, que merecen toda mi atención. Por principio de cuentas, ya soy la feliz poseedora de una máquina de coser que espero sea capaz de auxiliarme en mis futuras empresas costureriles. Voy a ser realista y a ocuparme de una cosa a la vez y lo que ahora me tiene absorbida, es la posibilidad de poder vivir una auténtica mascarada que Augusta-México llevará a cabo la próxima Noche de Primavera en el centro de la Ciudad de México. Siempre quise vivir un Carnaval en forma y nunca pude hacerlo porque, cuando vivía en España, casi no se celebraban. Ahora tendré la oportunidad de vivirlo dentro de un ambiente de mogijanga callejera. Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena y es algo que pienso comprobar el próximo 20 de marzo. Ahora, ¿tengo idea de que disfraz hacerme? No mucha, aunque, por ahí tengo algo que me da vueltas y más vueltas al interior de mi cabeza. No, no estoy inspirada el día de hoy. Solo puedo hablarte de la Feria del Libro, a la que pienso ir en un ratito que tenga, o de la próxima Noche de Primavera, o de… El asunto aquí es que parece que me falta tiempo para hacer todo lo que me propongo hacer en los próximos meses. Pero, bueno, no quiero angustiarme de gratis. Al contrario, quiero compartir contigo, amable lector, mis ilusiones de hoy. Estoy convencida de que la vida cambia, mejor aun: de que la vida nos cambia y también de que nos da la oportunidad de cumplir nuestros sueños. Pequeñitos o grandes, eso depende de nosotros. Y me puedo dar perfecta cuenta de ello cuando la lluvia deja de molestarme y dejo, asimismo, de sentir que el tiempo se escurre entre mis dedos sin que yo pueda detenerlo. Ví a mis padres y me di cuenta que aun existe un porvenir en mi caso. Un porvenir mío, lo que está por llegar y que aun no conozco. Me di cuenta que mi vida me pertenece y que la disfruto aunque, a veces, crea no hacerlo. Me di cuenta que soy una mujer libre y con un futuro que suelo negarme por inercia. Pero, en cuanto se despejan las nubes de mi horizonte, como ahora, entiendo que aun tengo mucho para dar y mucho más aun por vivir. Tengo la dicha de contar con un trabajo que me enseña cosas nuevas todos los días y de contar con unos amigos que son parte indispensable del mundo rico y particular de mis afectos. ¿Estoy sola?, si; pero no es una soledad impuesta por las circunstancias, sino que es una soledad elegida que no me pesa. Y, si soy sincera, en realidad, tampoco estoy tan sola. Desnudo mi alma ante ti, lector mío, esta noche, porque necesito comentarte que hoy, las sombras no cubren lo que en meses pasados consideraba que era mi desgracia. Estoy tranquila, estoy contenta, estoy feliz, ¿por qué no? Me muevo, voy y vengo, me siento útil. Y ¿por qué, te cuestionarás, titulé “Miércoles de Cenizas” a esta página?. Muy sencillo: porque tras el exceso del Carnaval, vienen los actos de contrición. Porque, tras mis excesos emocionales, viene también la necesidad del reposo que da la calma. Solo estoy preparándome para mi propia resurrección. El año pasado sentí muy revueltas mis propias aguas interiores, revolturas que anunciaban un cambio inevitable que empiezo, finalmente a vislumbrar. Un cambio que me gusta, curiosamente, aunque no es fácil. Se acerca la Primavera y me revitalizo sin poder evitarlo. Bendita sea pues la esperanza de la resurrección interior y de ese cambio necesario que me impregna de vida. Quizá no me entiendas muy bien, pero tampoco importa demasiado. Solo es algo que siento así y que me gustaría compartir contigo. Te dejo pues hasta la próxima página que espero poder ofrecértela muy pronto.