lunes, 12 de abril de 2010

Página diecinueve: El recuerdo de Zapata

Mi muy querido lector:

Si es que aun sigues con interes las páginas de este álbum, has de saber que la página de hoy corresponde a algo que escribí antes de ayer, sábado 10 de abril, con mi puño y letra, mientras desayunaba en el Sanborns de Coyoacán. Si te preguntas por qué desayuné en Coyoacán, porque es una especie de ritual cada vez que voy a revisar mi apartado de correos que lo tengo en la oficina de la Calle de la Higuera.  Fuí con la esperanza de encontrar lo que no encontré y, acto seguido, dirigí mis pasos al Sanborns que está frente al Parque de los Coyotes para desayunar ese antojo que traía de huevos rancheros. Y, mientras me lo servían, con el run run de la conversación de una mesa cercana, empecé a escribir lo siguiente:

"Hoy, hace casi cien años, un hombre singular, sin duda alguna, fue acribillado a balazos en la hacienda de Chinameca.  Este hombre se llamaba Emiliano Zapata y era oriundo del Estado de Morelos.  Ese hecho aconteció, exactamente, un 10 de abril de 1919 y, desde ese día, el pueblo de México llora su ausencia.  En realidada, no es todo México el que lo llora hoy, solo lo hace la parte más lástimada, la que sigue viendo en él y en sus ideas, una esperanza de futuro.  Tal vez hoy, pocos se acuerden de este aniversario luctuoso ya que, este México contemporáneo tiene sus propios problemas que, aunque resulte extraño señalarlo, se asemejan en el fonfo que no en la forma, a aquellos problemas de antaño que originaron la famosa y muy estudiada revuelta social que estalló en 1910 y que es considerada como la primera Revolución del siglo XX.

Cien años después, todo parece seguir igual, sin grandes cambios, ya que los logros significativos de aquel entonces, se han diluido dentro de los aconteceres de la cotidianeidad que vive acostumbrada a ellos.  Ahora, en el 2010, se necesitan nuevos logros que se amparan detrás de los retos de la sociedad contemporánea.  Pero, esta vez se trata de hacerlo todo racionalmente, no por medio del descontrol de la cólera. En el México de hoy, hay elementos nuevos que no se pueden soslayar y, al presencia del narcotráfico con sus corte de acciones delictivas, es uno de ellos. La cacareada inseguridad, por otra parte, más que factor, es indicio de la situación extremosa que se vive hoy en México. Historicamente, este país ha tenido siempre niveles muy altos de inseguridad, en especial desde que inicio su periplo como nación independiente.  Y es que, apartir de ese momento, la inseguridad que se vivía en sus caminos, constituía el mayor indicio del descontrol absoluto que se vivía en aquellos tiempos.  La difencia de antaño con hogaño, es que esa misma inseguridad  forma parte de nuestra vida cotidiana en las ciudades densamente pobladas.

La Ciudad de México, ó el Distrito Federal, como se le conoce, es una población que hacina a más de veinte millones de personas entre los kilómetros que se expande la ciudad y su llamada zona conurbada que se extiende por el Estado de México.  Esto se dice rápido; pero, esos veintitantos millones de almas, tienen necesidades muy concretas de comida, agua, luz, vivienda... Hablar del estrés que se llega a vivir en una ciudad de estas características, es sencillamente inimaginable y, por supuesto, los niveles de inseguridad en ella, son altísimos.  Muy pocos son los afortunados ciudadanos que pueden decair que no han vivido aun la experiencia del asalto. Las calles de esta gran ciudad, en términos generales, son inseguras.  Por supuesto, unas más que otras.  Por ejemplo, las zonas en donde se cometen más de estos actos delictivos, son donde viven los ricos o sencillamente los pudientes.  La Ciudad de México, es un lugar de contrastes pues, al lado de los imponentes corporativos de Santa Fé, de los departamentos millonarios, existen las llamadas Ciudades Perdidas, verdaderos campamentos construidos con lámina de asbesto y cartón cuya miseria es vecina a la más opulenta e insultante riqueza..."


Y aquí quedó el texto ya que, en ese momento, llegó mi desayuno al que, sencillamente, no me pude resistir. Después, tomé fotos y, más tarde, me dedique a ver libros mientras me daba cuenta de que la sincronicidad realmente existe.  Y, por hoy, esto ha sido todo.  Regresaré otro día con otro tema cualquiera que exponer a tu crítica lectura.  Hasta entonces, me despido.