viernes, 8 de julio de 2011

Página veinticuatro: Una reunión en los Viveros

Mi querido, apreciado y nunca olvidado lector:

La anunciada reunión de mayo, finalmente se realizó. En Augusta-México, somos pocas, así que todo estuvo fluido y sin mayor contratiempo -si se exceptúa la perdida de mi celular-. Para mí, cada reunión de Augusta, es única; y, en esta ocasión, lo volvía constatar. Me costó tanto llevar buen fin mi atuendo para esta reunión. Desde las indecisiones para conseguir la tela, hasta mi necedad por seguir cosiendo a mano -teniendo, como tengo una máquina de coser eléctrica-. Este ha sido mi mejor creación aunque asumo que sus errores, en cuanto a confección, han sido muchos.  No, no se me da el patronaje y, por otro lado, lo hago todo a "ojo de buen cubero". En fin... Lo importante aquí, es que me sentí increíble vestida de esta manera y me divertí mucho jugando al "badminton" y bailando.  Reafirme mi torpeza para los deportes de raqueta; pero, me reí y me reí hasta quedar casi sin aliento.  Hablamos mucho, intercambiamos opiniones e hicimos planes para futuras reuniones. Hicimos un "picnic" y hasta nos tomamos vídeos que aun no se editan.  La verdad, fue una mañana magnífica entre árboles y con música de batucada de fondo. La sesión de fotos, entre las palmeras, me evocó un soñado viaje al Egipto de los Siddons.

Ahora, nos encontramos preparando una ofrenda a los héroes de 1847 y, por supuesto, el vestuario tendrá que ir de acorde a la época señalada. Iré comentando más de esto conforme se vaya acercando la fecha de noviembre en la que pensamos reunirnos. De momento, concluiré esta breve entrada con este enlace de fotografías que espero que sean de tu agrado lector mío.

http://www.flickr.com/photos/63514264@N06/sets/72157626851223118/

jueves, 7 de abril de 2011

Página veintitrés: Proyecto para mayo


Mi muy querido e inolvidable lector:

Aquí estoy dispuesta a poner, frente a tus ojos, mi última idea acerca de la próxima reunión de mayo.  Si, aun no hay fecha, solo sé que será en mayo y supongo que se verificará cerca del 24 de mayo para celebrar un aniversario más de la difunta pero, aun así, siempre recordada Victoria de Inglaterra, nuestra Victoria. Es común que "Augusta-México" se reúna más cuando puede que cuando quiere en realidad. Múltiples factores son los que nos han imprimido esa dinámica un poco errática que, de todas maneras, no deja de proporcionarnos algo de satisfacción.  Hay años en los que hemos planeado varias reuniones sin que hayamos podido reunirnos más de una vez y a veces, ni eso. Sin embargo, y a pesar de todos los pesares, siempre que planeamos una reunión la espero animosa y, como en esta ocasión, rebullendo mil y una ideas en el interior de mi cabeza para lograr superar siempre mi última cota costureril.  Desde el 2007 llevo realizados cuatros atuendos: dos estilo Imperio, uno de miriñaque muy sencillo y uno más de la década de 1840, más o menos, correspondiente a un tipo popular mexicano de la época: la china. Ahora, volvimos a escoger el estilo Imperio -o Regencia, para el mundo anglosajón- con la idea de hacer un picnic en uno de los parques de la Ciudad de México.

Falta poco, lo sé, y eso no deja de preocuparme ya que esta vez decidí hacerme, además del vestido, una camisa larga que pueda fungir también como enagua y una especie de corpiño-sujetador.  ¿Tendré tiempo para llevar a buen puerto esta nueva aventura?  Espero que si.  Y no solo espero que sí, también espero que el resultado me guste para poder sentirme orgullosa de él, tan orgullosa como la primera vez que me cosí un vestido. De momento, ya tengo la tela para los "interiores" y para el vestido.  Nunca imaginé que terminaría yendo vestida de azul cielo; pero, en un golpe de inspiración, pude encontrar una tela barata de rayas en ese color. Por supuesto, me hubiera encantado poder encontrar una telita de algodón con un estampado cuco y reminiscente; pero, lo que encontré que me gustó, era de 1.10 de ancho a 70 pesos el metro, lo que decididamente lo ponía fuera de mi alcance adquisitivo.  Así que me tuve que conformar con lo que compré de 1.50 de ancho y a 12 pesos el metro. Y, como dijo en memorable ocasión el conquistador Julio César: "la suerte está echada". Ahora solo me hace falta empezar y continuar de manera dedicada y firme.

Aun no tengo avances, solo ideas, así que solo puedo escribir sobre esas ideas que andan revoloteándome de un rincón a otro de mi inquieta mente.  No me gusta prometer cuando no estoy muy segura de poder cumplir pero la idea es ir actualizando aquí los avances de este plan para mayo. A ver si lo logro y no me pierdo en el intento.  En fin, creo que la próxima entrada será para hablar del patrón que, como en las veces anteriores, adaptaré a mis necesidades, y a mi pericia, por supuesto.



martes, 22 de febrero de 2011

Página veintidós: Los amantes del siglo

Mi muy querido y nunca olvidado lector:

Tengo material nuevo, y por lo tanto inédito, para compartir contigo. Empezaré pues con el recuento obligado, verás... El día primero de este 2011, a pesar de todos los pesares -lo digo porque me fue imposible ver la película con unos decentes y deseados subtítulos en español-, finalmente ví "Le roi danse" y me encontré, cara a cara, con un muy peculiar actor francés contemporáneo llamado Benôit Magimel. Peculiar por su fuerza y su curiosa belleza masculina.  Peculiar porque, sin ser guapo, a la manera de una estatua griega, tiene algo que atrae y que hace que lo veas de un modo por demás complaciente.  Sí, eso fue lo que sentí cuando lo ví vistiendo los ropajes del afamado "Rey Sol" y, más tarde -concretamente ayer-, cuando lo ví como Alfred Musset, el escritor y poeta, cuya tormentosa relación amorosa con Aurore Dupin -la inmortal George Sand-, es modelo para representar a cualquier relación amorosa del periodo romántico invadido por una extrema necesidad de libertad  que se expresaba muy bien dentro de la anarquia imperante en el espíritu bohemio del siglo XIX. Aurore y Alfred se conocieron durante la convulsionada década de 1830 y su relación pasional, intermitente y cruda, los llevó a explorar los límites de las emociones exacerbadas. Ambos eran creadores y, dentro de esa faceta, se admiraban y complementaban; pero, veían el mundo de diferente manera y eso los llevó, finalmente, a separar sus caminos. Aurore, era un mujer voluntariosa y firme que, desde su infancia, había decidido a hacer lo que le diera su regalada gana sufriendo por los límites que la sociedad de su tiempo imponía a las mujeres.  Alfred tenía la libertad social que se le negaba a Aurore; pero, como hombre de su tiempo, vivía la contradicción de amar locamente al ideal femenino y repudiar a la mujer de carne y hueso a la que trataba de una manera muy controversial. Idealizó primero a Aurore y, cuando se convirtió en la mujer de carne y hueso que exigía y demandaba, no supo que hacer con ella y la abandonó.  Aurore rompió paradigmas y escandalizó a sus contemporáeos, uniéndose a un hombre diez años menor que ella, abandonando a su marido -al que, ciertamente, no amaba- y viviendo a su lado una existencia trasumante. Sí, Aurore tuvo que enfrentarse a la crítica moral de su tiempo y a la inevitable reprobación, mientras él, Alfred, solo adquiría una raya más en su  extraordinario pelaje de tigre. Las excentricidades de Musset, solo servían para confirmar su dandismo bohemio lleno de excesos. Una historia amorosa única que, en esta producción francesa de 1999 que protagonizaron el mencionado Benôit Magimel y la reconocida Juliette Binoche, consigue una buena adaptación circunscrita a la anécdota y rodeada del encanto que siempre produce en el espectador la buena recreación histórica. Magimel, como Alfred Musset, tiene una fuerza inquietante; mientras que Juliette Binoche, cumple cabalmente como una George Sand seducida y a la vez seductora del joven Musset. Si, es cierto, fisicamente no son muy parecidos a los personajes originales pero, su destreza actoral convence al público de estar frente a ambos escritores siendo testigos de una pasión excepcional como solo podía vivirse en aquellos tiempos de idealismo y represión social. Por mi parte, disfruté mucho esta producción y la disfruté por su preciosismo en  términos de imagen y por el desarrollo de una trama que le dio el punto justo a los detalles morbosos de una relación que fue vivida al límite por sus protagonistas.  Y si, si a la famosa Aurore Dupin le hubieran preguntando en el ocaso de su vida, quién fue el amor que marcó de manera más definitiva a su existencia, no hubiera titubeado en decir que fue Alfred Musset, un hombre al que amó como solo se ama en muy contadas ocasiones en una sola vida y al que recordó por siempre pues fue el que más le enseñó acerca de lo que significa amar apasionadamente.