domingo, 27 de julio de 2014

Página treinta y cinco: Un nuevo intento de Recreación Histórica.

Mi muy querido y recordado lector:

Después de varios meses de silencio, retomo las albas páginas de este álbum para participarte de un nuevo proyecto de costura que surgió a partir de una "plática" sostenida con mi amiga Claudia Cecilia Mendoza Flores en el "Facebook" -proyecto que inmediatamente apoyaron nuestras comunes amigas Rosario Palacios y Eva García Manso- sobre la posibilidad de hacer una reunión en el Jardín de la Borda en Cuernavaca, un paseo por un jardín mexicano de acendrada prosapia histórica ya que se trata de un jardín diseñado en pleno siglo XVIII para el rico minero novohispano Don José de la Borda Sánchez. El paseo pretendemos darlo ataviada con ropas de finales de ese mismo siglo -en concreto, el estilo o la moda que privaba durante la Revolución Francesa-. Mi primera inspiración fue el retrato de Madame Seriziart realizado por el pintor Jacques Louis David en el año en que se instituyó el famoso Directorio: 1795.  Es una retrato que siempre me ha llamado poderosamente la atención por las sencillas líneas de un atuendo que, aunque parece simple con respecto a las líneas cortesanas de los grandes "panieres" de la Corte del último Luis de Francia, no es nada sencillo. La moda de la primera mitad de la década de los noventa del siglo XVIII en Francia, anunciaba el regreso de las líneas puras de las túnicas clásicas de la Antigüedad. Para 1794, concluyendo la Revolución, esa tendencia de ceñirse la ropa cada vez más arriba hasta irse a detener bajo el pecho, como en las estatuas clásicas, ya se anunciaba. Los peinados eran cada vez menos de rizos esponjados alrrededor de la cabeza para ir alargándose en caída libre  por la espalda. Ciertamente, ésta era una moda de transición que duraría lo que duró el Directorio pues, para cuando Napoleón se convirtió en Primer Cónsul (1799), no había mujer en toda Europa que no fuera vestida a la griega, o a la romana, o más prágmaticamente, "a la inglesa" que era tal vez una versión más racional y menos glamurosa de lo que el Continente se conocería como estilo Imperio. Voy a ser clara y honesta contigo, lector mío, ya que no puedo presumir de poder reproducir con toda corrección esos trajes en los que me inspiro, me divierto mientras trato de coserme algo que, al verme al espejo vestida con él, me recuerde a lo gestado por mi propia inspiración. Vamos, que se tratará de algo con cierto dejo "naïf", si es que me permites utilizar este término de la plástica para mis creaciones costureriles. Por supuesto, tengo un patrón a escala en el libro de Norah Waugh que me trajo mi padre de Los Angeles, California, en 1981 y que me puede servir muy bien de referencia. Me coseré el vestido a mano, no por purista, ya que desconozco por completo la forma, o el modo, o la técnica que empleaban las modistas de la época, sino porque le tengo muy poca paciencia a las máquinas de coser y el utilizar el hilo y la aguja llega a ser para mí como una terapia para desarrollar la concentración y la paciencia, mucha paciencia. Ciertamente, coser a mano me relaja, aunque reconozco que cuando tengo que dedicarme a coser una y otra vez sobre el mismo lugar para poder rematar y dejar todo adecentado, la impaciencia aparece y termino dejando descansar esa obra costureril que se me comienza a antojar como las famosas obras del Escorial de Felipe II: un cuento de nunca acabar. Aun no compro la tela porque estoy esperándome al momento en que empiece a dedicarle tiempo al vestido, a ver si en el inter cambio de idea con respecto al género de la tela y la combinación de los colores. Por otro lado, quiero empezar en septiembre con el corsé transicional, uno no tan envarillado como los que se llevaron a todo lo largo del siglo XVIII, porque entre otras cosas, aquí en México no se consiguen muchos de los materiales que en Estados Unidos o en Europa están disponible en su versión ya procesada para simplificarle la vida a los recreacionistas. Y no, pedirlos por internet sería la opción, estoy de acuerdo, pero el precio, con todo y envío, suele duplicarse y hasta triplicarse, por lo que prefiero hacer concesiones en cuanto a los materiales para lograr el efecto correcto aunque sea con materiales modernos -algo a lo que ya me he resignado si quiero recrear en un México tan poco proclive a recrear su historia como un entretenimiento popular de visos culturales-.  En fin, no me quejo, prefiero adaptarme a las circunstacias y crear con lo que tengo a mano mientras el resultado sea lo más cercano a proyectar la imagen  que anhelo.

Mi amiga Rosario Palacios -http://www.cuadernocostura.com/-, que es una recreacionista de moda histórica de muy alto y muy buen nivel,  tiene una filosofía al respecto que comparto: el asunto es divertirse y pasársela bien mientras estás en el proceso de creación que te llevará a la concreción de tu proyecto de la mejor manera en como puedas llevarlo a cabo. Por supuesto que hay que investigar para no cometer errores de "lesa anacronía" pero también hay que reconocer cuales son los límites de un purismo que nos puede meter en verdaderos aprietos que no siempre serán solventables. Me gusta aprender y me gusta hacer las cosas lo mejor que puedo y soy capaz pero, sobretodo, me gusta descubrir y demostrarme que tengo habilidades que puedo desarrollar para  y en beneficio de mis propios sueños.  Por hoy ha sido todo,  lector mío. Te seguiré informando acerca de los avances de este nuevo proyecto que espero llevar a mejor de los puertos posibles: el de la materialización.