lunes, 8 de abril de 2013

Página treinta y dos: Una casita de muñecas

Mi querído y siempre presente lector:

Tengo ganas de escribir y quiero hacerlo sobre algo que, hasta el día de hoy, permanece como un sueño aun no logrado. Me remontaré hasta los días de mi infancia para inciar esta entrada con la siguiente afirmación: siempre fuí una niña de muñecas.  Sí, recuerdo los días en que, esas muñecas eran para mí mis hijas y mis compañeras, preludio inevitable de una maternidad que nunca se concreto y simbolo de una infancia que alargué durante mucho, mucho tiempo.  Las muñecas fueron vehículos mágicos que me introdujeron, no solo al mundo de mis fantasías y sueños, sino al mundo de la historia y, por supuesto, a la proyección de mi propio futuro en el interior de mi mente.  Si te digo que nunca me imaginé dejándolas, mi estimado lector, tal vez no me creas; pero, así fue y, aunque perdí a las que me acompañaron durante mi infancia, las sigo llevando en el recuerdo.  Por una muñeca vestida de Primera Comunión, dejé de chuparme el dedo.  A mi Dulcita, que me la compraron a los dos años y medio para que me la trajeran los Reyes Magos, le celebré sus quince años junto a mí; aunque finalmente se quedó en una bodega colombiana esperando un embarque que nunca llegó.  Pude haber tenido una muñeca de pocelana de 1907, pero yo quería otra, también de porcelana, de la década de 1920 que era más cara, y así, renuncié a ambas por no haberme quedado con la primera. Las muñecas antiguas, son mi adoración y hoy, que ya soy adulta, me encantaría poderme hacer con una de aquellos años de principios del siglo XX, como la que rechacé.  Por supuesto, no tengo suficiente dinero como adquirirla, así que em conformo con verlas en las tiendas de antigüedades o en las imágenes que tan generosamente pueblan la red. Pero, no solo las muñecas me siguen gustando. Hay en concreto un juguete que sigue siendo para mí el sueño de todos los sueños: la casita de muñecas.  La primera vez que jugué con una, pertenecía a una vecinita -que por cierto era sueca-, cuando yo tenía seis o siete años. Iba a su casa a jugar con la bendita casa y se me iban las horas inventando historias para mover a los muñecos de una a otra habitación.  Después, cuando ya pasaba de los diez años, le pedí a Papá Noel varios "sets" maravillosos de comedor, recamara y baño que no incluía ningún muñeco.  Mi Barbíe era demasiado grande para esos "sets"; pero, no así los muñecos de acción articulados de mis hermanos que se llamaban "Madelman".  Así que les quitaba el uniforme de soldados que traían, me deshacía de sus botas militares, y los vestía con los vestiditos de mis muñecas y jugaba con ellos dentro de los "sets" tratando de olvidarme que eran "madelmans".  Eso fue lo más cercano a una casita de muñecas que pude tener entonces.

Hoy por hoy, sigo embobándome con las casitas de muñecas y, más aun, cuando la gente que las trabaja para venderlas como verdaderas obras de arte en miniatura, las muestra por la red.  Conozco a alguien que desarrolla ese trabajo con cuidado y muy cercano a la perfección, se llama Pedrete Trigos y vive cerca de Sevilla en un lugar llamado Estepa.  No, no lo conozco en persona pero he visto en la red lo que es capaz de hacer a través de las fotos que sube en su blog llamado "Hoy puede ser un gran día" y también en su Facebook. Foto tras foto, va mostrando la manera en que es capaz de darle auténtica vida a esos espacios minúsculos que son las llamadas "escenas" dentro del mundo de las miniaturas.  Y cada vez que concluye alguna de sus creaciones, recuerdo aquellos dos cuadritos que teníamos en casa, cuando yo era niña, que mostraban una cocina de "masia catalana", con todos sus detalles, y que me hacía soñar, precisamente, con esa casita de muñecas que llevo guardada en el alma desde siempre y que todavía no llega a mi vida.  Conocer la obra de Pedrete Trigos, fue darle un nuevo impulso a ese sueño al pensar que, tal vez, no esté tan lejos el día que pueda hacerme con mi anhelada casita de muñecas, aunque sé, que no es un sueño económico puesto que aquí, en México, depende de la complejidad de la estructura de las casas de muñecas -que son prácticamente todas originarias de Estados Unidos- su valor oscila entre los 2,000 a más de 10,000 pesos - de 150 a 1,000 dólares americanos aproximadamente- y, apartir de aquí, debe invertirse unos cuantos cientos o miles de pesos más en "vestirla" y "ajuarearla" convenientemente para dejarla como una casita victoriana a escala. ¡Ah! y después, conseguirte a la familia que habitará ese espacio para poder jugar con ellos.  Un sueño caro, sin duda, y no tan fácil de conseguir.  Claro que no dejaré de quitar el dedo del renglón, aunque tenga que esperar algunos años más para darle vida a ese sueño infantil que no me abandona.

Ya regresaré en otra ocasión , lector mío, para irte desgranando más anécdotas, sueños, esperanzas y anhelos relacionados con aficiones y mi gusto por el pasado.

miércoles, 3 de abril de 2013

Página treinta y uno: Mi vida como retronauta

Querido, muy querido lector:

Desde enero no regresaba a estas páginas a plasmar en ellas mis impresiones. Y es que, en efecto, tengo que asumir que la constancia no se me da. Nuevamente te pido disculpas por ello antes de adentrarme en un tema que me ha movido, durante toda mi vida, a  hacer lo que unicamente la imaginación logra: viajar por el tiempo hacia un pasado que me hubiera gustado convertir en presente. En mi presente, para ser aun más exacta.  Vivir varias vidas dentro de un solo cuerpo, es algo que solo la imaginación logra. Y aun más: vivir esas varias vidas en tiempos y atmósferas diferentes, aunque la identidad siga siendo la misma y el hilo conductor de todos mis atrevimientos de consumada retronauta. Pero, antes de que mis habituales disquisiciones terminen empantanado farragosamente mi discurso, haré un poco de historia. Si, regresaré a esa tarde de noviembre del 2006 cuando descubrí un maravilloso lugar en la red llamado Cuaderno de costura. El aburrimiento me mantenía pegada a mi silla mientras navegaba por el porceloso mar del internet en busca de nuevas emociones visuales que tuvieran que ver con mi gusto por los trajes de época.  Casi todas las páginas estaban en inglés y, como aun me sucede el día de hoy, la poca pericia que me es propia para comprender los intringulis del idioma británico, hacía que me redujera a la contemplación arrobada y envidiosa de esos maravillosos vestidos que habían sido mi sueño desde que yo era apenas una niña.  De repente, buscando miriñaques y mientras saltaba de una imagen a otra, fuí a topar con el Cuaderno de costura que implicó, para mí, abrir una puerta hacia un mundo que estaba por salírseme de la cabeza y empezar a tomar una forma tridimensional para dejar atrás la existencia plana del dibujo.  Ese momento exacto en que ví las fotos de una mujer, tan maravillosa como increíble, que vestía con el pudor y el recato de una auténtica dama del siglo XIX.  Pero, lo mejor estaba aun por venir cuando me dí cuenta que podía leer sus textos sin problema además de poder ver aquellas hermosas y cuidadas imágenes que la mostraban cargando entre sus brazos a un perrito blanco mientras se retrataba con una abultada crinolina hecha por ella misma.  De repente, mi espíritu de retronauta se puso en acción y, después de revisar lo escrito por ella, le comenté una entrada de su blog sin esperar, realmente, que hubiera una respuesta. Y, para mi sorpresa, no solo la hubo sino que, además, me permitió seguir en comunicación con esta mujer tan especial para mi afecto a la que tan orgullosamente llamo amiga.

Cuaderno de costura y su autora, me hicieron nacer al mundo del recreacionismo histórico y propiciaron el desarrollo de talentos en mí  que yo no creía tener. Mi interés sobre el desarrollo de la historia de la indumentaria en Occidente, se combinó con mi escasa habilidad para concretar, tridimensionalmente, lo que yo imaginaba conviertiéndolo en dibujo. Y así, ese mismo diciembre del 2007, pude yo también lucir mi primera "creación" para pasearme con ella por el lugar que yo había imaginado para tener esta primera experiencia de evento con matices de viaje en el tiempo. No, mi primer traje no fue perfecto, aunque me empeñe en que tuviera detalles que lo hiciera identificable con una época en concreto. Así que lo hice de algodón egipcio, me improvisé un corsé y me arreglé con esmero para poder ser identificada como una dama de principios del siglo XIX.  Fue un día mágico, absolutamente mágico en los que conocí a otras mujeres que, como yo, disfrutaban de algunos aspectos de la vida del pasado. Nos tomamos fotos, conversamos, paseamos y nos despedimos con la intención de volver a vivir "eso" que nos mantenía unidas en la red y que habíamos experimentado tan agradablemente durante un instante que había durado un día. Por supuesto, hubieron más reuniones y más vestidos; tal vez, no tantas como yo deseaba, pero de todas maneras fueron significativas para mí. La actividad fue pues en "crescendo". El Centro Historico de la Ciudad de México, el bosque de Chapultepec,  los viveros de Coyoacán, la ciudad de Puebla... Y bueno, tres trajes Imperio, uno de miriñaque, uno más de "china" -tipo popular mexicano de la primera mitad del siglo XIX- ... Empecé utilizando máquina de coser pero, por razones de mi poca pericia en el uso de tales instrumentos, siempre termino cosiendo a mano. Me gusta hacerlo así, como me gusta también improvisar mis patrones con la ayuda de un libro tituladoThe cut of the women´s clothes 1600-1929 de Norah Waugh que es mi joya de la corona en cuanto a bibliografía sobre el tema. No, no soy perfeccionista y trato siempre de no equivocarme porque, la corrección, se me da muy mal.  De hecho, sigo mi intuición y trato de aprovechar mis errores de la mejor manera, aunque el resultado no termine siendo exactamente lo que deseaba en un principio.  Pero, disfruto esa dosis de misterio alrrededor de la obra que siempre traigo entre manos.  En fin, que no soy buena, ni la mejor, a la hora de recrear los trajes de época; pero, los hago o trato de hacerlos con cuidado y atención para que, cuando me los ponga frente al espejo, el resultado me emocione.  Y sí, hasta hoy, no me ha defraudado lo que he conseguido, aunque esté lejos aun de la perfección apetecible.

Y, por supuesto, dejó para el final la presentación de mi último traje que estrené este Domingo de Ramos y con el cual subí al Castillo de Chapultepec. Por razones que tienen que ver las autoridades del bosque de Chapultepec, no me "caractericé" para no arriesgarme a que no me dejaran pasar.  Solo lo estrené y pasé desapercibida entre la multitud que llenaba el museo mientras yo me dedicaba a tomarle fotos a los objetos que se me antojaban y me tomaba fotos a mi misma reflejándome en los espectaculares espejos con los que cuenta la exhibición. Chapultepec es mi casa y sus habitantes incorpóreos, mis compañeros de otras vidas imaginadas. Después, durante la Semana Santa, me hice una sesión de fotos, en mi propia casa, para poder utilizar alguna como ilustración para esta página de mi álbum, así como poder realizar una selección de como el traje fue tomando forma al correr de los días en mi sitio de imágenes de Flickr. El tercer paso para lucir este modelo de la década de 1920, que surgió de mi propia inspiración, será poder llevármelo a la ciudad de Puebla para pasearme con él en compañía de otra entrañable amiga que conocí adentrándome en este aventurado y creativo mundo de la recreación histórica.  Ese viaje lo tengo programado para principios de mayo y espero poder tomarme suficientes fotos como para ir engrosando mi álbum de imágenes de Flickr  que, en la actualidad, tiene muy poco para mostrar con respecto a esta actividad que realizo y que tanto me alimenta. De momento, solo me queda por añadir que el vestido es de tela de algodón estampado con bies azul y lazos de raso en los costados, que tuve que corregir su forma porque en un principio me quedo enorme y que para realizar esa corrección les pedí de sus sabios consejos a dos de mis más queridas amigas, camaradas en este mundo vivo de la recreación histórica, sin cuya valiosa ayuda hubiera naufragado en las desmotivantes aguas del fracaso más estrepitoso.

Es así como por hoy, lector mío, me despido con la firme intención de regresar en cuanto junte más noticias de mis singulares actividades e inefable gusto por el mundo del pasado.  Mientras tanto, aquí te dejo esta nueva página para compartir contigo mis aficiones y conocimientos.

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