domingo, 4 de octubre de 2009

Página quince: Un sábado como cualquier otro sábado

Mi muy querido y paciente lector:

Cuando yo me decidía a iniciar este “Álbum de Anécdotas”, mi intención fue dedicarlo a mis gustos y aficiones sin distraerme con los ecos de mis voces interiores para los que tenía destinados otros espacios cibernéticos; pero, mi intención fue rebasada y aquí estoy escribiéndote sobre mis entresijos existenciales sin que pueda evitarlo. Mis otros espacios permanecen mudos y empolvados mientras me vuelco en este rincón, así, sin más. ¿Qué es eso que me urge comentarte acerca de mi misma? En realidad, no es nada importante, solo es una reflexión que se mezcla con la crítica de mis días y la crónica de mi quehacer humano.

Hoy fue sábado. Un sábado como cualquier otro sábado. Un sábado de prisa y corre, sin agua y en donde me empeñé en descapitalizar mi exigua cuenta bancaria asistiendo a un curso esotérico y comiendo fuera de mi casa. No pienso atormentarte con lo ocurrido en el curso, aunque sí puedo decirte que me sentí ominosamente enfrentada a mi destino. Al final quedamos en reunirnos de nuevo la noche del 31 de octubre, en el mismo lugar. Te mentiría si te dijese que no espero nada extraordinario de esa nueva sesión. Sé que, por la naturaleza misma de la reunión y lo que manejamos entre los convocados, sucederá algo para recordar; pero, no quiero enfrentarme a algo que escape de mi control. Soy muy racional, aunque admito que creo en lo invisible y en lo indemostrable. Y, soy muy racional, porque esa es la única manera que encuentro para protegerme y no salir dañada a la hora de manejar energías extrañas. Mis compañeros del grupo maneja cada quien su propia creencia acerca de cómo controlar esas energías, lo que nos vuelve un rompecabezas nada homogéneo como grupo; a pesar de lo cual, trabajamos juntos en un afán por avanzar, cada quien a su manera, por su camino espiritual respectivo.

¿Cuál es mi camino espiritual?, sé que estarás preguntándote, no sin cierto dejo de escepticismo. Esa es una pregunta cuya respuesta puede resultar compleja. Inicié mi recorrido dentro de la tradición de mis padres quienes, a pesar de no ser católicos practicantes, me bautizaron, me metieron a un colegio de monjas y allí, con ellas, hice mi Primera Comunión. Con una madre que cree en Dios pero no en la Iglesia como institución terrenal y un padre que se me declaró en alguna ocasión como agnóstico convencido a la par de ateo militante, por la gracia de Dios; hay que entender que mis días como ferviente católica estaban más que contados. Y así fue. Con la adolescencia llegaron las dudas y las críticas a la débil fe que me heredaron mis padres y fue, en esos días, cuando inició mi búsqueda espiritual. Del catolicismo, di un brinco hacia el judaísmo y de ahí, me seguí buscando las fuentes en donde abrevaba la espiritualidad humana. El judaísmo, me llevó a las márgenes del paganismo ancestral y ahí me di cuenta que alcanzaba a reconocer las débiles voces del atávico eco neolítico y supe entonces que mi búsqueda había finalmente concluido. Supe que me sentía más a gusto cobijada por la sombra generosa de la Gran Madre que siendo juzgada por esa divinidad patriarcal que me descalifica por el solo hecho de ser mujer. Supe que no tenía porque renunciar a esa dualidad contradictoria que está enraizada en mi interior y que, de alguna manera, me define como ser humano. Supe que, finalmente, no tenía porque casarme con ninguna iglesia dogmática cuando me sentía tan a gusto siendo Hija de la Naturaleza y aceptando sus leyes y sus ciclos. Me acerqué al muy ecléctico y contemporáneo camino de la Wicca y me sentí en perfecta compatibilidad con esa nueva tradición neopagana surgida en el siglo XX. Ahora estoy viendo como reconocerme en ese camino y como transitarlo con orgullo para lograr, al fin, hacer que trascienda mi propia naturaleza al utilizarlo como herramienta.

Demasiadas cosas de golpe, ¿verdad lector mío? En realidad, es una sola: mi deseo de lograr darle un sentido trascendente a mi propia existencia. Y yo, mientras estaba en ese curso, volví a sentir que podía lograrlo. Pero, eso no fue el único acto significante del día de hoy. Después del curso me fui con mi amiga Araceli a comer y a pasear por Plaza Universidad, ese demorado encuentro me llevó de nuevo a expresar mis actuales temores acerca del nuevo tránsito que me encuentro iniciando. Volví a expresar que tres son las etapas de la mujer claramente marcadas y definidas: la de la niña, la de la mujer y la de la anciana, con sus dos tránsitos claramente definidos: el tránsito de la pubertad y el tránsito del climaterio. Yo estoy por abordar este último tránsito que me despojará de todo lo que me regaló el tránsito de la pubertad para hacerme entrar en la última etapa de mi vida, una etapa que puede ser tan maravillosa como las dos anteriores si soy capaz de reconocer, con plena sabiduría, en que consisten mis nuevas limitaciones y mis nuevas y absolutas ventajas. No todo lo que llega con la edad es malo y eso es algo que necesito estar en plena conciencia de ello. Tal vez las fuerzas físicas tiendan a abandonarnos; pero, mientras continuemos nuestro camino con lucidez y seamos capaces aun de aprender de la vida, creo que la vejez no tiene por que ser una época oscura para el ser humano. Al contrario, llegar a viejo puede ser una verdadera bendición.

Y bueno, por hoy, ha sido todo lector mío. Solo me queda por recordarte que, si te gustó el contenido de la página de hoy, no olvides dejar un comentario al calce que siempre será bienvenido.

4 comentarios:

Rosario T. Palacios dijo...

No puedo creer que el sábado estuviéramos hablando de un tema semejante miss Morgan y yo y que mientras tu estuvieras yendo a un curso semejante. Carmen, a veces las coincidencias de la vida me sorprende en lo que a ti y a mi respecta.

Pienso como tu, no sé si asumiría algo demasiado transcendental que cambiase mi concepto de lo que es y no real. Pero pienso que eso sucede ahora... ¿quién sabe lo que traerán los años?

Un abrazo inmenso. Ya te comentaré, cuando las ordene, mis impresiones sobre la última reunión de Augusta.

Carmen López y Martí dijo...

A mí también me ha dejado con el ojo cuadrado tu comentario o_O Este sábado me estaba acordando mucho de vosotras y luego, leí en Augusta lo que pusiste acerca de lo que pasó, bueno y malo. Eso me soprendió mucho, la verdad y fíjate que me quedé con ganas de poder conversar contigo largo y tendido a propósito de todo ;) Te mando un abrazo muy, muy fuerte, hermana mía.

Getzsemane Ament dijo...

Solo quiero decir que, en la distancia física y temporal, encuentro que caminé tras tus pasos, uno a uno.
Si me esperas al final del camino me pongo a correr ya.

Te quiero.

Carmen López y Martí dijo...

Yo también te quiero mucho, Getzse. Y sabes muy bien que, al final de ese camino, yo te espero con mucho gusto. Tómate tu tiempo, corazón, que esto es para vivirlo despacio y así gozarlo como se merece ;) Besos