miércoles, 6 de junio de 2012

Página veintiocho: El 5 de mayo de 1862

Paciente, muy paciente lector:

El tema que hoy me ocupa, tiene  que ver con los sucesos del pasado 5 de mayo.  Voy un mes atrasada de noticias, bien lo sé; pero, para variar, no he dispuesto de mucho tiempo para dedicarlo a ponerme al día en estos menesteres de hacer crónicas.  Hoy, precisamente hoy, tengo tiempo y ganas así que, ahí te voy.

El viernes 4 salí del trabajo como siempre. Podría decir que a la misma hora; pero, no. Tuve prisa por llegar a casa a coger mis cosas e irme a Puebla.  Por supuesto, por mucha prisa que me di, no llegué a Puebla antes de las 10 de la noche -tal y como me hubiera gustado hacerlo-. En fin, que después de la cordial bienvenida y demás salutaciones, nos dirigimos al hotel en donde íbamos a quedarnos. Algo absolutamente de época y muy, muy poblano.  Como en esta ocasión solo eramos dos, nos dedicamos al sano "güiri-güiri" hasta poder conciliar el sueño.  Pero, antes de que tal cosa sucediera, nos pegaron un susto de muerte al tratar de entrar en nuestra habitación un par de desconocidos. Si, algo así como una anécdota de película pero sin galanes cinematográficos y, por supuesto, dejando una estela de temor que, aunque pudo arreglarse la situación, no dejó de escamarnos. Claro que, estabamos tan emocionadas por vivir nuestro propio 5 de mayo de 1862, que nos dormimos esperando ver cumplidas todas nuestras espectativas puestas en el siguiente día.

El recorrido del 5 de mayo, fue una serie de agradables sorpresas y frustraciones.  La mayor de todas las frustraciones fue que, por más que lo intentamos, no pudimos llegar hasta los fuertes a ver el evento que las autoridades prepararon para sus invitados.  La mayor de todas las agradables sorpresas fue el habernos convertido en personas 100%  fotografiables.  Extranjeros que nos pidieron posar junto a ellos, familias que nos pidieron lo mismo, personas que nos reconocieron después de haber estado todo el día recorriendo el centro de la ciudad de Puebla vestidas con nuestros miriñaques... Fue una experiencia tan deseada como afortunadamente lograda dentro del marco de una celebración histórica.  Sacamos muchas pero muchas fotos y, al mismo tiempo, nos sacaron también muchas fotos. Visitamos y nos tomamos las fotos que son antojaron en un casi desierto museo que reproduce la forma de vida de una familia insigne, la de los hermanos Serdán.  Si,  es cierto que los hermanos Serdán se ubican dentro del espacio histórico de la Revolución Mexicana; pero, la casa y el ambiente, es absolutamente decimonónico y eso fue lo que se aprovecho a la hora de tomarnos las fotos. Por supuesto,  no dejabamos de hablar y de comentar la expriencia que nos encontrabamos viviendo entre foto y foto que nostras mismas capturabamos con nuestras respectivas cámaras.

Puedo añadir que ese día me llevó a reconsiderar la vida de aquellas mujeres que, durante el siglo XIX, tuvieron que  vestir  los ampulosos miriñaques a diario porque, ir al baño o pasarse todo el día con uno puesto, termina resultando en extremo inconveniente para lo que estamos acostumbradas hoy en día.  No, hacer "pipí" en el baño del museo, no fue fácil. Y, aunque el material con el que hice mi miriñaque era bastante liviano, después de todo un día con él puesto mientras cargaba el peso de una falda de 6 metros, terminé con dolor de cintura y, como se suele decir: "pidiendo esquina", o lo que es lo mismo: deseando llegar al hotel para regresar a la normalidad de la vida del presente.  Regresamos pues, satisfechas de nuestra aventura decimonónica y con un montón de anécdotas que conservar en la memoria.  Aunque aun faltaban más. Claro que, lo que sucedió después, ya no atañe al disfrute de nuestra caracterización como mujeres del siglo XIX por lo que lo obviaré para dirigirme a una reflexión final sobre esta reunión de Augusta México en donde participamos Lady Constance y yo.

Mi querido lector, "viajar" al pasado, hoy, no es más que un asunto de imaginación que interactúa con el conocimiento que se tenga sobre ese mismo pasado que se intenta recrear. Para mí, el 5 de mayo de este 2012, fue un día mágico en donde pude, durante unas cuantas horas, verme como siempre me ha gustado poder imaginarne y disfrutar con la compañía de personas que, como yo, disfrutan horrores el poder hacer posible estos breves viajes por el tiempo.  Solo me queda, si me lo permites, lector mío, agradecer a Lady Constance por ayudarme a concretar un sueño más de los muchos que pueblan mi imaginario.

3 comentarios:

Madame Lafayette dijo...

Como siempre, tus crónicas e imágenes son de un gusto exquisito y de una redacción impecable. Me alegro que el susto nocturno, quedara en sólo éso, un susto.
Mi enhorabuena por la jornada.

Carmen López y Martí dijo...

Gracias, muchas gracias. Fue una aventura dificilmente olvidable. La verdad es que, me recargó las pilas en eso de mi gusto por hacer y vestir trajes de época :) ¿Sabes? Ya estoy pensando en que hacer para la próxima reunión ;) Ya iré comentando por aquí en cuanto se de ocurra algo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Genial, carmen. Me ha encantado esta experiencia como dama del siglo XIX y, desde luego, coincido con su reflexión final. El imaginarnos en otro tiempo y el gozarlo también desde nuestros conocimientos es también una ilusión, en todos los sentidos de la palabra. Enhorabuena y saludos cordiales.