jueves, 3 de enero de 2013

Página veintinueve: Una vista a Orsay sin salir de casa.

Mi muy querido lector, paciente y fiel, de este Álbum de Ánecdotas:

El día de hoy, retomó esta página para comentarte que inauguré este 2013 con una vista al Museo Nacional de Arte -MUNAL- que se encuentra en la calle de Tacuba ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El edificio actual en donde se encuentra el museo, data de la primera década del siglo XX y fue concebido, originalmente, como un palacio dedicado a las comunicaciones de la época -principalmente, el telégrafo-. En el siglo XIX, en ese mismo predio, se albergó el Hospital de San Andrés que colindaba con el primer cementerio civil que tuvo la Ciudad de México y que se le nombró de Santa Paula. Pero esa es otra historia que quizá cuente en alguna página futura de este álbum.  Hoy regresé al MUNAL porque, después de todo, no podía hacerme oídos sordos ante la "invitación" que se me había extendido de conocer algunas de las obras que tienen por hogar el famoso Museo d´Orsay, en París. Manet, Monet, Renoir, Rodin, Gauguin y fotógrafos como Félix Nadar o los celebérrimos hermanos Lumiere, fueron mis anfitriones, por un instante, mientras yo deambulaba viendo las imágenes de la exposición. Para mi deleite, no hubo tanto público como en otras y pude ir y venir a mi gusto y sabor por las salas mientras yo misma tomaba fotografías con la cámara de mi teléfono celular. Tal vez, lo más destacado de la exposición, fue un Gauguin que he visto reproducido en cantidad de libros de arte y que me hizo reflexionar sobre el hecho de que yo también tengo pendiente una escapada a mi Tahití personal en busca de mi propio destino y de que éste llegará, sin duda, porque nadie puede escapar de sus proyecciones hacia el futuro o, lo que es lo mismo: nadie puede dejar de ser lo que desea ser desde que tuvo uso de razón para empezar a diseñar su vida.  Así pues, después de un conflictivo diciembre que me dejó un amargo sabor de boca, estar frente a un Gauguin real, me hizo pensar que, finalmente, yo también podré tener la oportunidad de abandonar algún día el escritorio de mi oficina para irme a concretar unos sueños que aun no son lo suficientemente maduros como para arrastrarme en pos de ellos.  Pero, sé que madurarán y se concretarán para hacerme feliz.  Gauguin, hoy, me dio ese mensaje: que no ceje, que no me desespere, que no me sienta miserablemente atada a mis circunstancias actuales como si nunca fueran a cambiar cuando la vida es precisamente eso, cambio y mutabilidad.  Y puedo decir que lo sentí cuando seguí recorriendo las salas y viendo las imágenes.  El autoretrato de un Renoir joven, me trajo a la mente que la memoria no son más que imágenes interiores congeladas en el tiempo o recreaciones de lo que creímos que fue a partir de nuestra propia percepción del instante vivido fijado por las emociones que nos produjeron.  Y ese Renoir joven, con su sombrero y su barba, me observaba desafiando el tiempo mientras yo lo observaba a él como si en realidad estuviera ahí  y no fuera, simplemente, el eterno reflejo del interminable juego de la memoria.  Vi fotografías en una sala acondicionada ala manera de un cafetín de la época, de esa Belle Epoque lejana y al mismo tiempo cercana para mi imaginación. Me encantó la recreación de la atmósfera y como el público participaba en esa dinámica suscitada por la recreación de un ambiente que para todos implicaba significados diferentes.  En mi caso, era un viaje a un pasado que yo convertía en presente cada vez que fijaba mi vista en una fotografía. No tengo que reiterar cuanto disfruté la vista, ni tampoco cuantos recuerdos me trajo.  Hoy estuve un instante en el Museo de d´Orsay y me sentí, de nuevo, inmersa en un espacio-tiempo particular que es el que alimenta a mis sueños.

6 comentarios:

Charo Palacios dijo...

Entonces fueron unas horas mágicas y una visita buena para el alma. Me alegro de que pudieras ir a esa exposición y te agradezco que la compartas con unas palabras tan poéticas. Un fuerte abrazo :*

Carmen López y Martí dijo...

Absolutamente mágicas, Charo. Increíbles porque ahí estabais conmigoñ Y ya no lo comenté en esta página, pero tenían una actividad que te hubiera encantado. Te prestaban ropa de época para que te fueras a retratar a donde quisieras dentro del museo ;)

Claudia C. dijo...

Me encantan tus crónicas, Madrina. Me alegro que lo hayas pasado super bien ^^ Un beso!

Carmen López y Martí dijo...

Un beso para tí, mi muy querida Claudia. ¿Sabes? Me he dado cuenta que tu blog lo volviste público y eso me fascina :) Por cierto que nos tenemos que poner de acuerdo para vernos y platicar sobre nuestros proyectos ;) Yo tengo uno por ahí parado que me encantaría reactivar para pasearme en traje de época -así tenga que ir a Puebla a usarlo y disfrutar de otro increíble fin de semana en tu compañía y en la de Nacho :)- Piénsalo ¿si? Te mando muchos, muchos besos.

Madame Lafayette dijo...

Me alegra mucho volver a leerte, contándonos además tan grata visita. Espero que la disfrutaras al máximo, aunque por lo leído, no me cabe duda. Muchos abrazos, Noelia.

Claudia C. dijo...

Carmen pues tu dirás cuándo, cómo y dónde. Si antes de la recreación nos tomamos el café pues que mejor ;) que al fin ya puedo salir de casa sin tener que hiperventilar jajaja un besote!!!