sábado, 8 de abril de 2017

Página cuarenta y siete: Calentando motores

    Mi muy querido y recordado lector:

    Hacía un buen rato que no me pasaba  por las páginas de este álbum para comentarte lo último que andaba dándome vueltas por mi mente. Te dejé en noviembre y ya estamos casi medidados de abril del siguiente año. Hoy no te hablaré de la Historia en ninguna de sus variantes, tampoco de un libro leído y su interesante contenido. Te hablaré de lo que pienso hacer con una tela que compré en enero y que hasta ahora no supe que hacer con ella. Pero antes de empezar, comparto contigo unos antecedentes que seguro sabrás apreciar. Desde muy niña me interesaron los vestidos antiguos, sí; esos vestidos que hasta el día de hoy mi madre sigue catalogando como "disfraces". Mis mejores momentos desde la niñez, los más felices, así como los de mi adolescencia, tienen que ver con esos juegos de "recreación" de otras épocas que disfrutaba yo sola porque nunca he tenido quien comparta conmigo esos viajes al pasado. Yo sola y mi alma, encerrada en el cuarto de mi abuela probándome sus guantes hechos a ganchillo que aun conservo y que datan de finales de la década de los Cuarenta. Jugaba con sus abanicos, con sus mantillas, me ponía sus pendientes largos y me inventaba historias en las que yo era la protagonista mientras me veía en la luna del espejo de su tocador. también me ponía las faldas largas de terciopelo de mi madre y sus blusas blancas mientras me imaginaba que vivía a principios del siglo XX. Llegué incluso a hacerme  una falda de polisón con unos almohadones y unas sábanas. Jugaba sola y me inventaba historias mientras me reflejaba en los espejos, es cierto, y todo eso sucedió durante la década de 1970. Vivía dentro de mi mente y lo único que deseaba era que un milagro me llevara a vivir en la realidad todas esas historias que sucedían en el interior de mi cabeza y que se volvían momentáneamente realidad solo cuando dibujaba o escribía, por ejemplo. Entonces crecí, no de golpe porque tardé mucho en hacerlo interiormente ya que no tenía ninguna prisa por alcanzar ese mundo adulto que me seducía tan poco; pero si, tuve que crecer porque fue inevitable, aunque seguí soñando con mis cosas e inventándome historias en las que yo era la protagonista mientras conocía y convivía con personajes de otras épocas. Y, de repente, cuando la vida iba encauzando mis ansias soñadoras por otros derroteros, me tropecé con el recreacionismo histórico en el 2006. Estaba que no me lo podía creer; entonces ¿había otras personas que eran como yo? Finalmente había encontrado la manera de materializar, ahora si, mis sueños de toda la vida. Solo, lector, que como buena historia humana, ésta también tenía un "pero". A mis 45 años vivía del lado equivocado y, aunque me entusiasmé brevemente y encontré un par de personas que parecían gustarles lo mismo que a mí aquí en México, me di cuenta que no era así, tal vez el tema se asemejara pero la coincidencia no iba más allá. Así pues no ha habido manera, hasta ahora, de poder integrar un grupo serio y formal que esté dispuesto a vivir el recreacionismo histórico en México, tal y como se vive en otras partes. No sabes lo mal que me llegué a sentir hasta que entendí que, tal vez, lo mío, mío, no pasa de ser, eso: "jugar" sola y adaptarme a las circunstancias lo mejor que pueda si quiero ser tan feliz como recuerdo haberlo sido en el pasado cuando fuí niña y adolescente. 

     Y entonces, ¿cómo sacar adelante eso que está dentro de mí en referencia a esa vuelta al pasado y mostrarlo al resto del mundo? Después de mucho pensar, de mucho arrepentirme y de regresar al mismo punto de partida que me dejaba sin aliento, acabé diciéndome: "A ver, conoces a excelentes recreacionistas que hacen maravillas, esas maravillas con las que siempre soñaste y que intestaste tú misma aprender a hacer, apoyada por un grupo que finalmente se volvió humo. Si no hay grupos a los que pertenecer, ni eventos en los que participar, ni nada que te motive a hacerte cosas históricas con auténtico rigor, ¿por qué no te haces "cositas" que puedas usar sin llevar corsé y que puedas sacar de paseo cualquier día? Vestidos, blusas, faldas, ¡hasta pantalones!, que cuando la gente te vea te pueda decir que lo que estás usando parece de tal o cual época, aunque no lo sea, pero que se pueda reconocer de donde procede tu inspiración". Y justo aquí, en este punto, es en el que me hayo con un par de telas que me compre este enero y que quiero convertir en un vestido. La idea original era hacerme algo inspirado en la moda de 1917 por la cantidad de aniversarios históricos que se celebran este año y que empiezan en el centenario de la Constitución Mexicana en febrero y acaban con el estallido de la Revolución Rusa en octubre, pero me di cuenta que estaba forzándome a permanecer en la época del corsé y bueno, me "desencorseté" diciéndome: "¿Y por qué no intentar algo de los Veinte? Algo modesto, por supuesto, que puedas sacar a pasear antes de que lleguen las lluvias este año". Y en esas estoy, buscando la inspiración que finalmente se convierta en un vestido cómodo y elegante para usar con un poco de tacón, nada más. Algo que me haga sentir contenta, muy contenta y sobre todo feliz. Algo que cuando me vea en el espejo con él puesto me haga decir: "¿Lo ves? Si puedes hacerlo, solo es cuestión de que te decidas y te pongas manos a la obra hasta terminarlo. ¡Ah! y te ves fabulosa, no lo olvides, ¿eh?". Porque una puede verse fabulosa a cualquier edad, así esté a punto de cerrar el ciclo de mis 56 e iniciar el ciclo de mis 57 este próximo junio.

     Gracias una vez más por leerme y en la medida en que tenga algo que contarte, aquí me tendrás de nuevo dispuesta a hacerlo, lector mío.

2 comentarios:

Pedrete dijo...

Me fascinan los 20, sobre todo en moda femenina, la masculina no difiere mucho de la actual. Además los 20 suponen una época llena de modernidad, de cambios sociales, y de diversión, mucha diversión. Me encanta la idea de este vestido, estoy seguro de que vas a disfrutar horrores confeccionándolo y luciéndolo.

Un besote!

Carmen López y Martí dijo...

Gracias Pedrete. Para mi, los Veintes se corresponden con las adolescencias de mis respectivas abuelas. Visitación se casó en julio de 1929 y todavía recuerdo su retrato de novia. Los Veintes tienen mucho de lo que dices, Pedrete. Yo lo definiría con tres palabras: vanguardia, libertad y diversión. Y así fue todo mientras aquella fiebre de un mundo diferente subió como la espuma. Lo que no tuvieron los Veinte fue cordura y responsabilidad. Y bueno, tampoco podías ser muy estricto con aquella generación de jóvenes que vivieron los horrores de una guerra de auténtico exterminio.