martes, 23 de septiembre de 2008

Página cinco: Un día perfecto

Mi muy querido y apreciado lector:

A veces la vida nos regala días perfectos y así me sucedió a mi el pasado sábado en el que me fui a Veracruz, mochila en hombro, a conocer a una persona que, hasta ese justo instante, solo había sido letras en la pantalla del ordenador. El mundo contemporáneo nos da esa opción de conocer a quienes viven a kilómetros de distancia de nosotros a través del más usado de los medios: la omnipresente red cibernética. Lady Angelica Rosetti, hasta este sábado 20 de septiembre, solo había podido ser para mí un “nick” y la imagen de un “avatar”, como se dice en el mundo de la red; un montón de frases que disfruto leer porque emanan un encanto cautivante que procede de una persona, hasta este sábado, casi desconocida por mí. Lady Angelica había sido eso: una interlocutora distante. Hasta este sábado, reitero, en el que finalmente conocí a la persona que le da vida a Lady Angelica: Raquel Limpo.

Soy pésima fisonomista y siempre sufrí con las descripciones en el colegio; así que, si deseas conocerla, te dejaré una foto para aprecies su belleza que es tanto externa como interna. ¡Lo que hace este espacio virtual! Cuando la tuve frente a mí, fue como si la conociera de toda la vida; como si hubiéramos crecido juntas sin importar en realidad los años que nos separan. De inmediato, empezamos a hablar y ya nadie nos calló. Es una mujer dulce de carácter muy fuerte, aunque te suene un poco contradictorio. Una mujer que está aprendiendo a descubrirse, como lo hacemos todos y que, como todos, está sorprendiéndose por lo que encuentra a su paso. Hablar con ella fue como si alma fuera ungida por un bálsamo vivificante cuyo perfume me trajo recuerdos olvidados de un pasado muy, muy distante en mi vida. Hablar con ella me regresó a un momento de mi infancia en donde yo no iniciaba aun mis grandes periplos existenciales. Su conversación me transportó a mi origen y me regresó, por un breve instante, a ese momento fugaz de mi pasado cuyo recuerdo siempre anega mis ojos de lágrimas. Fue gracias a Raquel y a su conversación sanadora, que rescate del dolor parte mi pasado y volví a sentarme en el poyo de la cocina del departamento de la calle Novell a aprender a atarme los cordones de los zapatos mientras mi abuela hacia caramelo y mi madre me relataba el cuento del “Patufet” en catalán. Fue gracias a Raquel que repasé una historia, ¡mi propia historia!, mientras me contactaba y establecía un puente invisible entre aquel ayer nebuloso que solo vive en mis recuerdos y este hoy del que me enorgullezco a pesar de todos sus pesares. Hablar con Raquel me confirmó decisiones y planes para mi futuro. Fue un día hermoso que espero repetir, aunque sé que, por razones de tiempo y de distancia, aun tendré que esperar para que las circunstancias sean favorables y me lleven a concretar mis deseos. Raquel me dio un regalo maravilloso este sábado, un regalo que tiene que ver conmigo misma y fue el de facilitarme el contacto con mi pasado, el de ayudarme a repara un puente que el tiempo había ido desgastando en mi interior. Me sentí como no me sentía desde hacía mucho, mucho tiempo. Por un instante, volvía ser adolescente y a arreglar el mundo mientras hacía tiempo en el semáforo de Clara del Rey… Al final, me costó despedirme de ella, claro; pero tuve que hacerlo y lo hice con una serenidad asombrosa ya que, en mi interior, de alguna u otra manera, sé que habrá más ocasiones para renovar este contacto y esta incipiente amistad.

Pero, eso no fue todo. Una vez habiéndome despedido de Raquel y de su encantadora tía Monserrat, cuando llegué a la estación de autobuses llena de una sorprendente sensación de plenitud que me disponía disfrutar en el camino de regreso a mi realidad cotidiana de la Ciudad de México, sonó de nuevo mi celular. Me encontraba viviendo una situación que difícilmente da cabida a la sorpresa; estaba emocionalmente contenida tratando de explicarme lo inexplicable mientras empezaba a sentir un cansancio que terminaría rindiéndome dentro del autobús. El celular sonó en ese junto momento y una voz desconocida preguntó por mí. Cuando se identificó e identificó la voz de su compañera, supe que estaba en presencia de lo mágico convertido simplemente en maravilloso. Eran dos voces que yo había imaginado siempre dirigirse a mí, pero que no había escuchado hacerlo hasta ese justo instante. Eran Getzsemane y Rosario. ¡Mi Getzsemane y mi Rosario! que se acordaban de mí y que me hablaban desde España. Fue el remate perfecto de un día perfecto. Las escuché, me emocioné muchísimo y me sentí como si en realidad estuvieran allí conmigo, a mi lado, como siempre están porque siempre están conmigo, esté yo donde esté y estén ellas donde estén.

Dime entonces si esté sábado 20 de septiembre, fue o no un día perfecto, mi querido lector.

8 comentarios:

Getzsemane Ament dijo...

Me gustaría decir algo que esté a la altura, pero es que no se.
Solo decirla que el sentimiento es mutuo y la emoción, sincera.
Que para mí usted siempre está ahí, que no tengo en cuenta el océano y a poco ni la diferencia horaria. Siempre se donde encontrarla y aunque usted crea que no siempre está presente en los pensamientos de muchas de nosotras.

Si pude hacerla un poquito más feliz con una simple llamada de teléfono... es todo lo que deseo. De corazón.
Y sepa que no será la última vez que hablemos, que si el dinero está para algo, es para brindarnos estos instantes...

Un beso muy muy fuerte.

Carmen López y Martí dijo...

Eres un angelote tan precioso como travieso y viceversa, mi muy querida Getzse ;) ¡Qué sería de mí sin vosotras! Creo que habría un hueco muy grande en mi interior que no sabría como llenar. Eres un ser de luz, corazón; alguien con mucho para dar y también, por supuesto, mucho para recibir. Te vas a ver espectacular en Toledo con esas plumas verdes. Ya estoy deseando ver las fotos y verte a tí feliz y contenta con el resto de las "victorianiñas" -y "victorianiños", por supuesto-. Te quiero un chingo y dos montones, como dicen los "groserotes" del Estado mexicano de Chihuahua -algún día te explicaré en que consiste la grosería de esta expresión de máximo cariño por aquellas tierras, Walter ;)-. Un beso muy, muy fuerte

Carmen López y Martí

Lizz dijo...

Pero que relato más precioso doña Cármen, casi se me escapan hasta las lagrimitas de la ternura y la emoción que emana. Me alegro que disfrutara de un día tan perfecto y le deseo que disfrute muchos más como ese, pero muchos muchos más.

Un abrazo muy grande!

Getzsemane Ament dijo...

Lo de Walter tiene una explicación; cuando mi hermana estuvo en Cancún de viaje de fin de carrera, tenía un camarero privado en el Hotel que se llamaba Walter y del que mi hermana y sus compañeros guardan muy buen recuerdo por que, según dicen, era un trabajador ejemplar, siempre se anticipaba a lo que ello pudieran querer o necesitar y además les contaba muchos chistes. Y claro, la frase de moda cuando mi hermana llegó del viaje era: Walteeeeer otro tequilita si???? Y por eso no se me ocurrió otra cosa cuando le dejé el mensaje. Y lo de llamar chamaquita al personal, y lo de Pinche wey, y lo de ¿Te cuidas?...
Otro día prometo ser más formal en mi mensajito ^.^ Pero no mucho eh???

Creo que se lo que significa "un chingo y dos montones", no obstante cuando venga a España me lo explica, con un tequilita en la mano.

Rosario T. Palacios dijo...

Ojalá, de corazón Carmen, pudiéramos hacer que todos los días fuesen tan especiales para ti. Porque lo mereces, y porque nada me haría más feliz.

Tu sabes que te quiero, hermana. Y yo sé que pronto nos conoceremos en persona, porque en alma ya nos conocemos de sobra.

Un enorme y emocionado abrazo.

Carmen López y Martí dijo...

Lizz, gracias por tu comentario. Si algo puedo compartir, es lo que soy pues, finalmente, es lo que que tengo ;) Un abrzos enorme también para tí, corazón.

Getzse, sé que algún día podremos conversar, cara a cara, con sendos tequilas en las manos y que no te importe la formalidad, que tú eres como eres y como eres, ¡me encantas! Por descontado que me hiciste superfeliz con esa llamada y con tu mensaje -que conservo en mi móvil como auxiliar contra los bajones de ánimo ;)-. Escucharte decir "pinche wey" me emocionó porque, de repente, no existieron las fronteras, ni las distancias. Tú tienes que conocer México, ¡me cae! Te vas a sentir aquí ¡como pez en el agua! Un beso enorme para tí, mi muy querida Getzse.

Respecto a tus palabras, Rosario, casi me hacen llorar. Sabes que eres bien correspondida, hermana mía y que si de algo estoy pidiendo mi limosna -como se dice aquí en México-, es de poder verte para darte todos esos abrazos que nos debemos. Gracias por permitirme estar cerca de tí. Un abrazo enorme y tan emocionado como el tuyo.

Barbara dijo...

Sin duda un día perfecto, me da muchisimo gusto que lo pasaras bien.

Carmen López y Martí dijo...

Gracis Bárbara pero, para la próxima, vamos juntas ¿eh? Que no sabes lo que me dolió que hicieramos esta aventura de la mano. Huibiera sido una minireunión trasatlántica de Augusta en toda regla ;)