martes, 7 de octubre de 2008

Página seis: Dando un paseo por la Estación D´Orsay en compañía de Auguste Renoir


Mi muy querido y paciente lector:
Hago aquí una declaración pública de sobra conocida por todos acerca del poco entusiasmo que tengo por la obra de Auguste Renoir. Nunca ha sido uno de mis “impresionistas” favoritos pero, poco a poco, siento que el viento está cambiando a su favor. De repente, y a raíz de mi permanencia en ese Jardín Secreto que es la Sociedad Victoriana Augusta, he ido viendo su apastelada obra con otros ojos. Hoy, por ejemplo, casi corrí del trabajo hasta mi casa para ver un programa acerca del Museo D´Orsay cuyo tema en específico era la pintura de Renoir y su relación con la moda del momento. Enterarme de que su padre fue sastre y su madre costurera, fue para mi, no solo una revelación, sino un punto de identidad con ese pintor al que siempre repudié por presentar imágenes tan endulcoradas y, por ende, empalagosas. Siempre me resistí a ese “mojar sus pinceles en merengue”, como decía el ácido Jardiel Poncela que hacía monsieur Renoir cuando pintaba sus alegres escenas parisinas o sus retratos de damas rozagantes. Mi sensibilidad estética siempre se sintió agredida por ese uso indiscriminado de los azucarados tonos pasteles pasando por alto su magistral tratamiento de la luz. Yo solo me fijaba en esos colores difuminados y en esos temas de cajitas de bombones convertidas en costureros. Renoir, para mí, era el epítome de la cursilería amerengada del siglo XIX y hoy, aunque me cueste expresarlo, lo estoy redescubriendo desde otra perspectiva más cercana a mis propios intereses.
Monsieur Renoir retrató a una época que emergía de un desencanto muy particular. Una época que dejaba atrás, definitivamente, los arrebatos románticos para seguir el camino ortogenético del más crudo realismo social. Una época que trocó las ampulosidades del miriñaque, por la desmedida extravagancia del polisón. El miriñaque era un artilugio más democrático que el polisón burgués ya que, hasta la década de 1860, la falda ahuecada gobernó sobre el gusto femenino sin que nadie, a excepción de las voces acostumbradas que siempre están dispuestas a criticar cualquier falta de mesura, sé escucharan en contra de los aros. Pero, el miriñaque sucumbió bajo las balas de Guerras Civiles e Imperios efímeros y, en Europa, cuna del gusto y de la moda, los cañones de la Guerra Franco-Prusiana, rubricaron su acta de defunción. Aunque…, parafraseando a Herr Einstein: nada se crea ni se destruye, solo se transforma y, este concepto, para el mundo de la moda, es todo un axioma irrebatible. El miriñaque pues se transformó ante los ojos atónitos de una sociedad que veía surgir de los escombros de la guerra, a una figura femenina absolutamente deformada. Siempre me he preguntado por qué el polisón parece ser una moda tan sugerente y, al mismo tiempo, tan seductora para algunas personas. La respuesta pudiera encontrarse en la manera en la que el polisón destacaba, de forma desproporcionada, el “derrière” femenino. Fetichismo pues relacionado con las caderas amplias que anuncian la deseada fertilidad en la hembra humana; pero, al mismo tiempo, el polisón fue también una cuestión de estatus social ya que solo las señoras de cierta clase hacían ostentación de sus “derrières” exagerados remarcando con la extravagancia la distancia social.
Monieur Renoir pinta a esas mujeres de escotes generosos y formas voluptuosas envueltas en sedas y con sus escandalosos polisones atrayendo las miradas hacia sus espaldas. Esas mujeres que empleaban sus fortunas en vestirse como princesas a las que imitaban a través de las tendencias que marcaban las revistas femeninas de la época. En este programa de televisión al que aludo, el narrador señalaba que fue a partir de la década de 1870, con el ingreso del polisón al mundo femenino, cuando el concepto contemporáneo de la moda vio su aparición. Charles Frederick Worth, el indiscutible padre de las primeras pasarelas de la Historia, empezó a lanzar sus colecciones dos veces al año, tal y como se hace actualmente, influyendo así en la conformación del concepto de “temporada” para la vestimenta femenina. El polisón pues nace y se desarrolla en medio de un clima de efervescencia que privilegia lo efímero, la esencia misma de la moda. Y, en efecto, después de un periodo de varios años en que la angosta “crinolette” desembocó en un abultado polisón con cauda ó cola (1870-1875), sobrevino un periodo en el que se trató de rescatar, desesperadamente, una forma más natural para la figura femenina, aunque para ello se tuviera que conservar la cauda en un afán de guardar un equilibrio estético de la figura femenina (1876-1882). Desgraciadamente, la forma natural, sucumbió frente al retorno de un polisón aun más exagerado que en su primera etapa, aunque eso sí, ya sin cauda (1883-1888). Pero, como nada dura para siempre, y menos aun cuando se trata del gusto y de la moda, para 1889, el polisón agonizaba.
Monsieur Renoir vivió toda esa curiosa evolución y, por supuesto, la plasmó en sus lienzos. Pero hoy, no solo descubrí un aspecto del pintor con el que llego a identificarme, sino que además, “reconocí” rostros familiares entre sus famosos retratos. En primer lugar, dejé escapar un: “¡Esa es Charity!” frente al televisor, absolutamente arrobada, al ver un rostro que, en efecto, con un poco de indulgencia, me recordaba a una de mis queridas “victorianiñas”. Pero, aun me esperaba otra sorpresa más ya que, mientras el narrador explicaba la diferencia entre un baile en el campo y un baile en la ciudad en relación al formalismo de los atuendos femeninos, la risueña carita de la protagonista de “Baile en el campo” me hizo recordar, de repente, a mi adorada Getzsemane, otra de mis “victorianiñas” queridas. De repente, las vi pintadas por Renoir y comprobé, una vez más, la hermosura de mis niñas, esas con las que juego todos los días en el Jardín Secreto de la Sociedad Victoriana Augusta.

7 comentarios:

Lizz dijo...

Creo que jamás habría sido capaz de ver a Reoir con esos ojos. Como usted misma observa yo sigo atrapada en la etapa de reparo hacia su excesiva pastelosidad, hacia esa difunición de la pincelada, los colores brillantes... Aún así su imbricación con la Sociedad y la moda es innegable, pues es un pintor de Sociedad y refleja perfectamente el entorno del momento ;D

Barbara dijo...

Lo ví!!! Tambien vi el programa! Gracias por el mensaje :*
Renoir tampoco es mi "impresionista favorito" pero hay una pintura que me encanta de el: El columpio

Fisicamente estabamos en extremos opuestos de la cuidad pero me encantó la idea de darnos una escapada a Paris con la imaginación.

Carmen López y Martí dijo...

Gracias por tu comentario Lizz. Y he de confesarte que esta revaloración de Renoir no se dio de la noche a la mañana, créeme. Sigue sin ser mi pintor impresionista favorito; pero, ya no estoy tan disgustada con su obra. Siempre es un gusto enorme, leerte por aquí. Un montón de besos y abrazos para tí.

Respectoa tí, mi Bárbara chularepreciosa, ¡que bueno que compartimos ese programa! Y, si, ambas estuvimos en París ese día compartiendo un poco del bullicio del "Moulin de la Galette". Ambas de polisón y ambas dispuestas a comernos aquel mundo ;) Por cierto, ahora sé que "El columpio" tiene dueña ;) Ojalá te animes a ir este domingo al Zócalo. Si no puedes, no te apures, corazón; pero, si tienes que pormeterme hacerme un huequito para que nos veamos antes de la reunión de diciembre, ¿eh? Te dejo aquí para que los recojas, muchos besos y abrazos.

Lizz dijo...

Muchisimas gracias por sus palabras, sobre todo porque para mi es un placer pasarme por aquí ;D.

En cuanto al Impresionismo he de reconocer que no estoy un poco peleada unicamente con Renoir, sino con el Impresionismo en si. Suelen gustarme obras más academicistas, de líneas puras y definidas y con una clara tendencia a los colores oscuros. Saliendo de ahí como poco puede reconocerme como seguidora del Expresionismo Alemán y de la obra de Francis Bacon. Pero gusto mucho más de un realismo descarado, a pesar de los escorzos y de las posturas imposibles que se aprecían en muchas obras.

Para mi el Impresionismo es demasiado cálido, relajado, colorista... XD, creo que es demasiado dulce para mí ;D XD

Un beso querida

Carmen López y Martí dijo...

El gusto de que te pases por aquí y me leas es también mío, cariño.

No creas que el impresionismo es precisamente mi "hit" como corriente plástica; pero, hay imágenes de esa corriente que me gustan mucho ;) Manet, Monet, Berthe Morisot... A mi lo que me seduce es lo que me provoca lo que veo, por eso soy más de arte figurativo, igual que tú.

Un beso muy grande.

Barbara dijo...

Pues ya vengo yo a meter mi cuchara una vez más. El impresionismo es todo luz y movimiento, es captar ese momento fugaz en la mirada pero eterno en el lienzo. No creo que sea dulzura, al contrario es la necedad amarga de prolongar lo efímero.

Me gusta el Impresionismo; pero gusto más del PostImpresionismo, Van Gogh es mi pintor favorito y su Noche Estrellada es la total expresion de desenfado y de necesidad de gritarle al mundo que la majestuosidad de los astros nos cobija, así como ese cielo cobija a Saint-Rémy y al ciprés en el cuadro.
Una escena que derrochaba vitalidad aún siendo creada en un asilo. Es como un mensaje que nos deja Vincent: No importa si estas preso de la vacuidad, tienes un mundo luminoso que te ampara.Solo basta con mirarlo

Ese cuadro, querida Carmen con gusto te lo cambio por El columpio de Renoir. Venga, no me hagas caso, que me se va la hebra y me vuelvo poco coherente.

Me perdí la feria del libro porque despedí a un amigo que se mudó a otra ciudad. Pero te juro que un sabado de estos de octubre nos vamos a desayunar vale?

Te quiero mucho.

Carmen López y Martí dijo...

¿Por qué no me sorprende que te guste van Gogh? Voy a decirte algo que a estas alturas dudo que se escuche como confesión: soy de obras más que de autores ;) Y puedo decirte que esa que mencionas del genio de Arlés, no solo es sublime, es sencillamente maravillosa. Puedes quedarte con las dos -"El columpio" de Renoir y "La noche estrellada" de van Gogh. Son tuyas porque es poder compartir contigo una emoción que nos trasciende :) Van Gogh, a mi, me impresiona mucho. Sus colores tan sólidos y ese dibujo impecable, Creo que, de mis obras favoritas de él es "La habitación". Sobria, íntima y rotunda por donde la veas. creo que serìa una imagen que con gusto utilizaría de avatar o de rubrica o sencillamente para mostrarles a los otros quien soy yo ;)

Gracias, Bárbara querida por traer a Vincent a esta "conversación" :) Bueno, ya habrá otra ocasión para que veas esto fabulosos e irreverentes juglares, de momento te diré que me compré como 5 libros en la Feria. 3 biografías -Jane Austen, Charlotte Brontë y Virginia Wolff-, 1 opúsculo sobre la primera doctora que tuvo México en 1887 -Matilde Montoya- y una especie de cuaderno de trabajo para escribir tu propia historia.

Respecto al sábado de octubre que quieras ir a desayunar, nada más dime porque, yo tengo unas ganas enormes de platicar contigo, ¿va?

Yo también te quiero un montón