sábado, 18 de octubre de 2008

Página siete: Matilde Petra Montoya Lafragua o los atrevimientos necesarios

Mi muy paciente y querido lector:

Un vez más pongo a tu considera mis humildes palabras que, en esta ocasión, quieren llevarte de nuevo a recorrer los largos pasillos del laberinto del recuerdo hasta llegar a este rostro que hoy te muestro. Un rostro de mujer que dejó el anonimato, hace ya algo más de un siglo, al atreverse a romper un paradigma de su época. ¿Qué hizo pues Matilde para ser recordada hasta el día de hoy? Atreverse a hacer lo que ninguna mujer de su momento había hecho todavía en México: aspirar a un título universitario que le fue finalmente concedido el 24 de agosto de 1887. Matilde nació un 14 de marzo de 1857, año crítico para la nación mexicana pues apenas un mes antes de que ella viniera a este mundo, el 5 de febrero de ese mismo año, se promulgó la Constitución Liberal que tanta sangre costaría mantener vigente. Se llamó pues Matilde para honrar a la santa del día de su nacimiento y fue la última hija de la familia Montoya Lafragua. Como mujer, tenía pocas posibilidades de estudiar más allá de la primaria; sin embargo, su inclinación y buena disposición como estudiante le llevó a su madre a considerar que tal vez, solo tal vez, con la insistencia adecuada, Matilde podría llegar a ser una mujer lo suficientemente instruida como para vivir en el futuro de una profesión liberal como cualquier hombre. Supongo que doña Soledad Lafragua, su señora madre, consolidò esa idea a partir del empeño que demostraba Matilde por seguir el camino del estudio, mismo del que no se apartó hasta que hubo concluido su carrera de medicina en la facultad de la Universidad Nacional de México. ¿Cómo se le ocurrió a la muchacha la peregrina idea de estudiar algo tan fuera del paradigma decimonónico respecto a la educación de las mujeres? Podemos especular que fue doña Soledad la que la alentó a su hija a realizar lo imposible: matricularse en la universidad en una carrera que, hasta ese momento, había sido un feudo de masculinidad impenetrable.

Matilde no era precisamente bonita, tal y como la podemos apreciar en ese retrato de la época; pero, tampoco carecía de atractivo. Se le nota en sus peculiares rasgos, así como en su actitud, una fuerza de voluntad capaz de arrostrar cualquier obstáculo y podemos creer que fue esa voluntad la que la llevó a no dejarse vencer por el cansancio o por las dificultades que en su época le imponía su condición femenina. Hoy nos puede parecer menos difícil lo que Matilde tuvo que enfrentar por ser mujer ya que hoy, las mujeres, tenemos una presencia innegable dentro de los espacios reputados como feudos masculinos; pero, en aquellos lejanos días del siglo XIX, la presencia de Matilde en la facultad, no solo era una extrañeza, sino un símbolo de la futura hecatombe de la sociedad ya que la mujer debía de asumir su rol de esposa y madre con sumisión y aceptar que su finalidad en esta vida era la de engendrar a las futuras generaciones dentro del marco legal del matrimonio y ayudarlas a formarlas dentro de los cánones sociales constituidos sin mayores pretensiones de cambio. A la mujer del XIX se la educaba para ser bastión del más recrudecido de los conservadurismos ya que de ella dependía que el “status quo” continuara como hasta ese momento perfectamente estructurado y encuadrado entre los márgenes del pensamiento positivista que hacía del progreso material aquello a lo que se debía de aspirar como símbolo de modernidad irrefutable. Positivismo y liberalismo, iban de la mano y en él se contemplaba a la educación femenina en la medida en que sirviera para hacer madres más capaces y mujeres más conscientes de su rol socialmente subordinado. Jamás promovió que las mujeres abandonaran sus hogares para convertirse en profesionistas ya que, la sociedad del siglo XIX veía como una abominación tales pretensiones en el espíritu femenino. No había pues peor insulto que el de remarcar rasgos masculinizantes en las actitudes y las pretensiones de una mujer. Aquella que, como Matilde, aspirara a estudiar a un nivel superior para obtener así el aval que le permitiera desempeñarse como profesionista y poder vivir de ello, estaba condenada a ser vista como un fenómeno social a la que se le toleraría esa excentricidad de querer hacer cosas de hombres sin serlo; pero, jamás se la reconocería en un rango de igualdad porque la sociedad de la época no creía en la igualdad de condiciones entre los géneros para poder desarrollarse y obtener una vida más plena.

Por supuesto, una mujer que pretendiera ser alguien en un ámbito dominado por hombres, no podía aspirar a ser un partido deseable como futura madre de familia. Dicho de otra manera: ningún hombre podría aceptar como esposa a una mujer que hiciera cosas de hombre. Así pues, Matilde fue médica pero nunca se casó ni tuvo hijos propios –aunque adoptó a varios niños en un afán por poder tener una familia suya-. Ejerció su profesión durante casi 50 años y murió empobrecida, pues jamás lucro con ella, el 26 de enero de 1938. Su vida transcurrió durante uno de los periodos más interesantes y convulsos de la Historia de México y que va desde la Guerra de Reforma al sexenio de Lázaro Cárdenas pasando por la Intervención Francesa, la República Restaurada, el prolongado Porfiriato y la Revolución de 1910. Su vida fue una vida de atrevimientos ya que, desde que se propuso estudiar medicina en la universidad, empezó a romper los esquemas de una sociedad que su gesto dividió en admiradores de su voluntad y en detractores de sus veleidosas pretensiones. Para mi, Matilde Petra Montoya Lafragua, es un ejemplo más de lo que se puede lograr si se lucha por lo que uno desea, aun a costa de la comodidad que nos repliega siempre tras la barrera sin dejarnos avanzar a la trinchera de la vida. Matilde es para mí una inspiración en estos momentos de mi vida en los que me siento como empantanada y atenazada por una edad que me rebasa y que me hace creer que ya es demasiado tarde para iniciar algo nuevo y diferente en mi vida. Si, Matilde Montoya finalmente decidió anteponer sus metas y sus logros a las convenciones sociales de su época que exigían de ella ser sumisa y obediente. Matilde Montoya rompió pues paradigmas sin protagonismos de ninguna especie; solo le interesaba ser médico para poder vivir mejor de una profesión en la que empezó como partera cuando aun era adolescente; pero, no se contentó con ocupar solamente el lugar que le correspondía por ser mujer, sino que se atrevió a abrir una brecha para que por ella se deslizaran muchas otras mujeres que, como la propia Matilde, aspiraban a ver convertidos sus proyectos de vidas independientes en una realidad palpable.

5 comentarios:

Lizz dijo...

La vida de esta mujer es un ejemplo para todas nosotras. Tuvo el valor de realizar lo que nadie de su género con anterioridad había logrado, y no sólo eso, sino que perseveró y logró cumplir sus sueños contra viento y marea.

No es extraño que está mujer le despierte tan tiernos sentimientos, y tal admiración pues su vida fue, como he dicho, un ejemplo en todas sus formas.

Además querida Cármen, me veo en la obligación y el deseo de decirle algo...


NUNCA ES TARDE ;D

Un beso

Carmen López y Martí dijo...

Los sé corazón, lo sé, y tus palabras también me animan a contemplar un mejor futuro. No solo para mí sino para tí también. Y aquí te tengo una primicia: la semana pasada inicié la falda que pienso usar para la próxima reunión de Augusta en México ;) Te mando un beso y un abrazo muy fuerte, Lizz querida.

Carmen López y Martí

Barbara dijo...

Punto 1: Yo quiero fotossssss de esa falda!!!

Punto 2: No tengo como expresar lo mucho que significa que estes al pendiente de mi confusa persona. Ya sea en el blog, en Augusta, vía sms etc, etc.

Te quiero un montón y me rechoca en el alma no poder tener un poquito de tranquilidad y de $$$ extra para un cafecito contigo.
Cuidate mucho Carmen

Carmen López y Martí dijo...

Bárbara de mi alma, yo también te quiero un montón y aprecio en todo lo que vale el interes con que sigues mis "patoaventuras chocolatosas",

Tengo un par de fotos del primer paso de la falda. No se ven muy bien, pero yo con gusto las subo para que las veas ;)

Respecto a no tener $$$ y tranquilidad de momento, ni te apures, que todo se resolvera como se debe.

Un beso enorme, mujer y gracis por pensar en mí :)

Anónimo dijo...

por fabor me pueden dar mas informacion de matilde(de sus papas y hermanos y tanbien donde radicaban)porque mi abuelo materno puede ser pariente(sobrino de matilde)mi abuelo se llamaba (GUILLERMO MONTOYA)tengo familiares en gonez palasio durango, torrion cohuila en san luis potosi y los hijos de mi abuelo radican en monterrey nuevo leon gracias por su ayuda (norberto p montoya)