viernes, 27 de abril de 2012

Página veintisiete: Un sueño que se volvió realidad.

Mi nunca olvidado lector:

Esta página de mi álbum va a tratar sobre la naturaleza de los sueños y la importancia de concretarlos sin importar la edad que se tenga o los años que una cargue sobre sus espaldas.  Finalmente, después de casi un mes de dedicarme a la tarea de hacer un miriñaque de los llamados de jaula, lo concluí.  Fue un mes de trabajo absorvente y algo accidentado pero, cuando la "jaula" estuvo concluida, sentí lo que había percibido con anterioridad: la profunda satisfacción de haber alcanzado uno de esos sueños que gestamos en la infancia y que se enraizan en nuestro interior dando origen a muchos aspectos de nuestra vida ya como adultos. Me explico: cuando yo era niña, soñé muchas veces verme como una de esas mujeres de los retratos antiguos con su faldas ahuecadas por los miriñaques y sus tirabuzones.  Soñé que tendría la oportunidad de verme así cuando hiciera mi Primera Comunión; pero, el destino me negó, en aquella ocasión, ser la "princesita" que soñaba en un día tan especial.  Me frustré, por supuesto y viví muchos años preguntándome ¿por qué yo no parecía tener derecho a ver mis sueños hechos realidad? ¿Qué era lo que me lo impedía? Pronto descubrí que el ver cumplidos nuestros sueños dependía más de nosotros mismos que de aquellos en los que depositábamos nuestras esperanzas de auxilio para cumplirlos.  Claro que, el darme cuenta de ello no me impidió que siguiera, amarrada por el miedo al fracaso y a la frustración que éste conlleva, a demorar mis satisfacciones personales. Aun hoy soy una experta en autoboicoteos de todo tipo, lo confieso; aunque también reconozco que, poco a poco, he ido controlando ese miedo a no hacer por no saber como controlar algo tan deseado como es el éxito.  En fin, cuando mi vida dependía de otros, solo soñaba con el momento en que, finalmente, pudiera hacer lo que me viniera en gana y poder así cumplir mis ansiadas metas.  Por supuesto, la vida se va encargando de demostrarnos cual es el camino que debemos de seguir porque es el que escogimos para transitar por él incluso antes de llegar aquí.  En este caso, la idea de tener un miriñaque de jaula data de la época en que yo era niña. ¿Por qué no lo logré antes? Porque me negué a mi misma la posibilidad de hacerlo creyendo, de un modo bastante incosistente pero tenaz, que no estaba capacitada para ello y que me resultaría realmente difícil hacerme con uno.  Pasaron los años y seguía deseando lo que, según yo, estaba fuera de mi alcance por completo.  Un día, siendo ya una mujer joven, pude probarme un miriñaque en un museo en donde yo estaba cumpliendo con mi servicio social.  Fue uno de los momentos más felices de mi vida que quedo inmortalizado a través de la imagen fotográfica.  Después de eso, creí haber alcanzado la meta que me había impuesto en mi niñez sin imaginar que años después, al descubrir el recreacionismo histórico, volvería a mi la idea de, ahora sí, hacerme un miriñaque de jaula. 

El pretexto era cumplir con mis objetivos recreacionistas y, aun así, la primera vez que decidí usar uno para una reunión de mi grupo de Augusta-México, compré uno de dos aros que terminó en la basura.  Por eso, este año que las "Augustas" mexicanas decidimos repetir la experiencia del miriñaque, me decidí a agarrar al toro por los cuernos y hacerme uno tal y como no me cansaba de visualizarlo.  "Ataque" el proyecto con cuidado en medio del eterno dilema de si encargarlo a Estados Unidos vía internet o hacérmelo.  La duda de que aun no estaba lista para acometer tamaña tarea, siguió frenando mi impulso. ¿Qué materiales serían los óptimos? Me costó optar por los tubos de polietileno presa de un prurito de purismo radical en materia de recreacionismo; pero, pronto acallé mi conciencia cuando me dije que en el siglo XIX, lo que se llevaba bajo la falda, en no pocas ocasiones se improvisaba dependiendo de los recursos económicos de quienes lo llevaban. Ni miriñaques, ni polisones fueron siempre iguales en diseño y materiales, así que, siguiendo los pasos de este espíritu que privilegia el ingenio de los recursos, callé definitivamente a mi atormentada conciencia recreacionista y me puse manos a la obra.  El resultado puede verse en la imagen que acompaña a este texto.  Sí, puede parecer un poco reducido en cuanto a las dimensiones de los aros pero, aun así, todavía está dentro del rango estándar de lo que eran los miriñaques de esa época a caballo entre las décadas de 1850 y 1860. Me gustó el efecto ya con la falda puesta y, por supuesto, me emocioné al verme en el espejo.  No es exagerado y su discreción, en cuanto a volumen, se me hace muy apropiada para una mujer de mi edad.  Tendré que usar el vestido que estrené en diciembre del 2009 pero, no importa; no en esta ocasión que me dediqué a los "interiores" y me hice el miriñaque.  

Para concluir, lector mío, solo añadiré que estoy deseosa de viajar a ese evento que conmemora y celebra la sonada victoria del ejército mexicano sobre el ejército francés de ocupación en 1862. Quizá, cabalgando sobre las alas de mis deseos infantiles, este próximo 5 de mayo se me cumplan aun unos cuantos anhelos más de los que guardo incólumes en lo profundo de mi memoria. ¡Ojalá así sea! 

3 comentarios:

Madame Lafayette dijo...

Ahh, Dª Carmen, me alegro que al final tenga su miriñaque, le quedó de miedo, y no se preocupe por la conciencia :)))

Gemita dijo...

Está muy bien y además proporcionado, que importa más eso que el que tenga mucho volúmen. Y en las fotos del evento te ves preciosa. Me encanta como te sienta ese color, en resumen, enhorabuena por ver cumplido tu sueño ( y el de muchas de nosotras) de tener tu miriñaque personal : )


Un abrazo muy fuerte.

Carmen López y Martí dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Me he tardado en contestar porque he estado realmente ocupada con el trabajo que me deja rendida al final del día. Pero os vuelvo a dar las gracias por vuestra atención y, en breve, pondré en este espacio una breve reseña del evento del 5 de mayo. Solo os pido un poco de paciencia. Saludos cordiales para ambas.