lunes, 11 de agosto de 2014

Página treinta y seis: Aprender a reciclar para dar con la forma.

Aquí estoy de nuevo, mi muy recordado lector, para darte una pequeña y espero que concisa explicación acerca de mis últimos avances con respecto a este proyecto de la década de 1790 que traigo entre manos. No, aun no me pongo manos a la obra pero puedo adelantarte algo sobre mis postreras decisiones acerca de todo esto. Pues bien, hace la friolera de cinco años, hacia mayo del 2009, me hice un vestido rojo de corte Imperio para la segunda reunión de la Sociedad Augusta Victoriana que se realizó en el Bosque de Chapultepec. Una reunión de la que tengo incontables recuerdos agradables aunque, ciertamente, el vestido ya puesto no me terminó de gustar porque con él yo no parecía "ni chicha, ni limoná". Lo que es lo mismo: ni se ceñía rigurosamente bajo el pecho, como cualquier prenda de la etapa napoleónica que se precie de serlo, ni caía ciñéndose propiamente alrrededor de la cintura. Me disgustó y lo guardé con la idea de deshacerme de él en cuanto pudiera. Incluso lo presté y me lo regresaron en un estado lastimoso. Aun así, como me lo regresaron, lo volví a guardar en el baúl para ver si me animaba en algún momento a hacer otra cosa con él.  Y hete aquí que, recientemente, después de consultar muchas ilustraciones de la década de 1790 destinadas a darme una idea de como acometer la tarea de hacerme un atuendo de esa época, el vestido despreciado que parecía dormir el sueño eterno en el fondo de mi baúl, se me apareció en la memoria y una voz interna me sugirió que lo rescatara para convertirlo en el atuendo que no terminaba de tomar forma en mi mente. Y así fue. Lo saqué, me lo puse, me lo ceñí con un fajín de un color mostaza dorado que le tomé prestado a mi traje de "china" y la emoción de haber encontrado finalmente el atuendo que deseaba, me tuvo arrobada frente al espejo un buen rato al darme cuenta que mi tarea se simplificaba notablemente. Ahora, al ya tener el vestido "chemise", lo único que necesito es aplicarme con el corsé de transición y, por supuesto, con el tocado necesario para completar el conjunto que me de un "look" de la época que me deje mucho más que satisfecha. Como ves, lector mío, no se necesita mucho para lograr lo que finalmente se desea.  Reformaré ese traje para que el efecto sea el deseado y me dedicaré con mayor empeño a lo que en esta ocasión no se va a ver. Tal vez opines que estoy perdiendo una oportunidad valiosísima para hacerme algo más adecuado y, sobre todo, más histórico; sin embargo, cuando me ví al espejo vestida con él, en esta ocasión sentí la emoción del hallazgo que la vez anterior me fue imposible identificar. Ya sabes que, para mí, recrear es un acercamiento al momento histórico, ese punto en el tiempo que pretendo vivir a través de mi esfuerzo por conocer sus pormenores y así poder darle vida a través de mi inquieto imaginario. Ahora sé que el resultado se acercará considerablemente a lo que espero lograr y eso, sin duda, me da fuerzas para seguir adelante con este proyecto.

     Conforme tenga más que platicarte acerca de lo que mi inquieta mente anda cocinando, querido lector mío, te lo iré desgranando en estas páginas para que seas testigo de un proceso que, no por conocido, no deja de ser asombroso e inquietante. Así pues, por hoy, esto ha sido todo. Te dejo con la promesa de volver en breve para ir saciando tu curiosidad acerca de este intento mío en el campo de la recreación de la moda histórica.

3 comentarios:

Pedrete dijo...

¡Viva el reciclaje! Yo también he desmontado la túnica de época romana para aprovechar la tela y hacer con ella el jubón del siglo XVI. La subúcula creo que también la reciclaré y me haré con ella una camisa de dormir. Son prendas que no pensaba volver a usar y no me apetecía nada desperdiciar las telas. ¡Renovarse o morir!

¡Un besazo enorme, querida Carmen!

Charo Palacios dijo...

Anda que no reciclaban ni nada nuestros antepasados. Me parece una buenísima idea, verás como el corsé hace mucho por conseguirte la forma deseada. Un abrazo muy fuerte.

Carmen López y Martí dijo...

Un beso y un abrazo muy fuerte para ambos. No sabéis como me animan vuestras palabras :* :*

Fíjate Charo que aun sin el corsé la forma que se adquiere con el fajín es muy, muy cercana a la de las ilustraciones. Lo del corsé es para sentir que estoy haciendo lo correcto en este camino de la recreación ;)Y es así, con estos "experimentos", que voy concibiendo ideas que me acercan a la visualización de como pudieron evolucionar ciertos estilos :)

Pedrete, estoy contigo, reciclar es la mejor manera de aprovechar eso que decidiste que ya no te servía dándole un mejor uso :)