miércoles, 27 de agosto de 2014

Página treinta y ocho: Los desvelos de un empeño. El huipil

Mi muy querido lector, hoy te dejo esta entrada que va etiquetada con el nombre de un buen amigo llamado Pedrete Trigos que en estos días inició su singladura como sastre de tamaño natural dispuesto a reproducir prendas de la llamada Moda Histórica. Le prometí una entrada sobre la prenda femenina más reconocida y perdurable dentro de la indumentaria mexicana: el huipil. Una prenda cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, como se decía antaño, ya que es anterior a la presencia europea en el continente americano, y cuya existencia se prolonga hasta nuestros días con apenas cambios significativos en su estructa, diseño y composición de materiales. Hoy se hacen los huipiles de la misma manera que se hacían hace más de quinientos años: en el famoso telar de cintura que produce una tira estrecha que, unida a otras semejantes, forman el lienzo que componen la prenda. En la época en que los españoles llegaron al altiplano mexicano, vieron que las mujeres, de cualquier estrato social, desde la noble mexica, hasta la "macehual" o mujer del pueblo, iba cubierta con esa singular "camisa" que cubría su torso desde cuello hasta más abajo de las rodillas. El atuendo lo completaban el "cueitl" o "naguas", que tal así bautizaron los españoles a esa especie de falda que se enrredaba en la cintura de la mujer natural de estas tierras y se ceñía con una especie de cinturón también tejido. Malinalli, la bautizada como Doña Marina, quien fuera "lengua" o traductora de Hernán Cortés -además de ser la madre de varios hijos de éste-, usó "huipil" y "cueitl" durante toda su vida hasta que murió siendo la esposa de Juan Jaramillo, lugarteniente y paisano del propio Cortes. El huipil se conservó dentro de la sociedad virreinal como prenda distintiva de la mujer indígena, herencia de su origen y símbolo de su identidad. Claro que este huipil de los siglos XVII y XVIII, conservando como lo hacía la estructura del diseño original, se había amestizado, por decirlo de algún modo, al beneficiarse con la incorporación de materiales que venían de Europa y Asía como eran, respectivamente, la lana o la seda. Las mujeres cacicas de las llamadas "repúblicas de indios" -estatuto jurídico que le daba la corona española a las comunidades índigenas durante el virreinato en México para respetar la independencia de usos y costumbres propios con respecto a la sociedad mestiza y española que se regía por estatutos diferentes-, se engalanaban con huipiles ricamente bordados y adornados con encajes a la usanza impuesta por la moda europea del momento. Finalmente, todos esos adornos, volvieron a desparecer del huipil cuando cuando la Independencia deshizo la diferencia existente entre la república de indios y la república de españoles para conformar una nación con intenciones de asimilar al mayoritario componente indígena de la sociedad y así lograr hacer un país guiado por las luces del progreso positivista que era el que exigía esa uniformidad. El siglo XIX fue entonces un siglo de aculturación para las comunidades mayoritariamente indígenas a las que se les exigió que adoptaran patrones y canones occidentales, desde el uso de la lengua española hasta la indumentaria occidental. Sin embargo, el huipil y la nagua -que en los Estados como Oaxaca y Chiapas adoptó el nombre de "enrredo"- siguieron existiendo en comunidades de difícil acceso donde la cultura occidental no alcanzó a penetrar por completo. Y así fue como, de ser una prenda arcaica y de uso restringido, tras la Revolución Mexicana (1910-1920) con la llegada del nacionalismo cultural, la prenda es retomada como parte de una reivindicación indigenista que figuras relevantes como lo fue la propia Frida Kahlo (1907-1954) pusieron símbolicamente en el candelero de la vanguardia cultural de la época. Así, de la mano de Frida Kahlo y otras mujeres que participaron en esa vanguardia cultural mexicana de mediados del siglo XX, el huipil regreso a la vida diaria de muchas mujeres mexicanas.  Hoy, el uso de un huipil modernizado, hecho ya en telares mecánicos con materiales sintéticos -aunque la mayoría sigue siendo de hilo de algodón- es una opción más entre las muchas que tiene la mujer mexicana para encontrar un estilo propio a la hora de definirse a si misma. Hoy hay huipiles cortos que apenas rozan las caderas para usarse con los siempres socorridos y tradicionales vaqueros, o más largos, a la altura de las rodillas, o rozando los tobillos que se utilizan como vestidos playeros para los días calurosos del verano. Hoy el huipil está de regreso y sigue manifestando en sus portadoras  ese orgullo por lo nacional, por lo auténticamente mexicano.

Espero de todo corazón, lector mío, que esta breve reseña introductoria acerca del huipil, te haya dejado satisfecho y haya acicateado tu curiosidad sobre la prenda. Si tal ha sido, permíteme que te deje aquí una primera lectura académica sobre sus orígenes y su uso dentro de un contexto histórico de la autoría de Martha Sandoval Villegas, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México. Léelo con el gusto y el placer que provocan los nuevos descubrimientos y te espero en la próxima página de este álbum.

http://congresos.um.es/imagenyapariencia/imagenyapariencia2008/paper/viewFile/2851/2851


4 comentarios:

Pedrete dijo...

¡Muchísimas gracias por esta maravillosa entrada, Carmen!

Como siempre es un placer leerte, pero más en este caso que nos acerca a una prenda tan antigua y tan actual al mismo tiempo. Celebro también que tu estado de ánimo se encuentre en mejor forma. Refugiarnos en nuestras aficiones puede ser también una estupenda vía de escape para las fatigas y quehaceres diarios.

¡Un abrazo enorme y un millón de gracias por este maravilloso artículo sobre el huipil!

Charo Palacios dijo...

¡Que interesante! Sobra decir que no tenía ni la menor idea de nada de lo que cuentas, de hecho me ha sorprendido descubrir que existían estados indígenas durante el dominio español. Tengo que leer más sobre la historia mejicana, ya sabes que siento mucha curiosidad por ella gracias a tí. Un abrazo muy fuerte :*

Carmen López y Martí dijo...

Gracias a los dos, Charo y Pedrete por vuestros comentarios :) Charo, voy a pasarte el artículo que le dejé a Pedrete para que también lo leas. Te va a fascinar pues simple y llanamente te hablan de la prenda desde un punto de vista histórico que francamente subyuga ;)No sabéis cuanto os quiero a ambos cuando sois capaces de sacarme de ese horrible sopor que en ocasiones me envuelve y no me deja moverme para ningún lado. Besos y abrazos para ambos mis muy creativos amigos :* :*

Lourdes Perez dijo...

Muy interesante. He de reconocer que de la indumentaria mejicana desconozco casi todo, así que ha sido muy ilustrativo y por el contenido, y muy bien contado.
Gracias Carmen.