lunes, 11 de agosto de 2008

Página dos: Chapultepec

Mi muy querido lector, ¿sabes lo que es un Jardín Secreto?...

Antiguamente, allá por el siglo XIX, solía utilizarse esta expresión para denominar a ese lugar al que solo podía acceder uno para su solaz; para el goce exclusivo, para el placer íntimo de quien lo visitaba. Pues bien, yo tengo varios Jardines Secretos. Lugares reales o virtuales a los accedo para dejarme ir en pos de mis sueños. Chapultepec, concretamente el castillo, es uno de esos Jardines Secretos que suelo recorrer cuando necesito ponerme en contacto con mi interior, ponerme en contacto con el mundo intangible de mis sueños y de mis deseos. En Chapultepec puedo sentirme la dueña del mundo o, mejor dicho, la indiscutible soberana de mi mundo porque Chapultepec, es mucho más que los centenarios ahuhuetes que conforman el bosque. Es mucho más que una rampa o que unas escaleras. Es mucho más que una terraza de suelo ajedrezado que mira hacia un ángel cobijado por enormes edificios. Chapultepec es para mí como un delgado hilo de plata que me mantiene unida al lugar del cual provengo. Es una casa que no es mía pero que yo suelo visitar como si en realidad lo fuera. En Chapultepec, el ruido de la cotidianeidad queda afuera de sus rejas verdes mientras que, sobre el Cerro del Chapulín, el tiempo se detiene congelando el instante. Chapultepec tiene una vibración energética que, no solo atrae, sino que retiene. Allí estuvieron los famosos baños de Moctezuma antes de que Mexico Tenochtitlan cediera, bañado en sangre, su solar a la virreinal Ciudad de México. Allí hay un ónfalo, un ombligo energético de mal llamado Valle de México y allí, sobre el Cerro del Chapulín, dominando la masa boscosa a las afueras de la ciudad, se levantó un fuerte para vigilar la entrada de México por el acueducto que bebía del agua que manaba de Chapultepec.

La primera vez que pisé los terrenos del bosque y subí la rampa que conduce al castillo, fue a finales de 1983. No quería hacerme ilusiones respecto a lo que iba a encontrar erguido sobre el cerro y, lo que encontré, fue un espacio que me acogió con una hospitalidad que sencillamente me desarmó. Mi impresión fue tal, que prometí regresar cada vez que pudiera, y lo he hecho, en efecto, cada vez que he tenido la oportunidad. Chapultepec es mi casa, la casa de mis sueños y de mis deseos, así que en cuanto cruzo la linde del bosque, mi corazón empieza a latir aceleradamente pues sabe que va a conectarse con lo que lo alimenta y lo mantiene vivo.

Cuando voy a Chapultepec voy a visitar a los que ya no están pero que alguna vez estuvieron y disfrutaron como yo la energía del entorno. Voy a ver sus retratos y los objetos que dejaron tras de sí esperando que sean puntos de contacto para poder sentir sus presencias. Y, ¿las siento en realidad? A veces muy débilmente y con mucha interferencia; pero, en otras ocasiones es más clara la sensación y, sobre todo, mucho más fuerte. No, no veo fantasmas, solo percibo otro tiempo mientras me paseo por ese recorrido que ya se me de memoria y que podría realizar con los ojos cerrados. Solo son sensaciones, nada más, de un tiempo suspendido en el no tiempo que soy capaz de reconocer mientras permanezco en Miravalle.

A veces, mirar un retrato es suficiente para que sienta la conexión. Pasear mientras converso, en un largo diálogo interior, con esas presencias que voy a buscar. Sentir el viento acariciando mi rostro mientras imagino, siempre imagino, que ocupo el mismo espacio, aunque no sea el mismo tiempo, de esas presencias. Por todo esto, quería inaugurar con Chapultepec y su castillo, el rubro de mis Jardines Secretos. Más adelante, iré colocando en estas páginas el resto de mis espacios mágicos, de mis Jardines Secretos que son, finalmente, los lugares en donde reposa mi corazón.

6 comentarios:

Getzsemane dijo...

Leyendo esta entrada he comprendido una cosa. Es algo personal que nada tiene que ver con Chapultepec o con lo que describes.
Es la certeza de que no soy mala escritora, es simplemente que me faltan años y experiencias para ser tan buena como tú.

Y algún día conseguiré hacer que alguien se sienta como yo cuando te leo. Y ese día te lo dedicaré a tí en exclusiva.

Con mucho mucho mucho cariño...

Barbara dijo...

Jardines Secretos... todo el que se quiera mantener cuerdo debe tener uno.

Y tu no pudiste encontrar uno mejor, el castillo irradia magia.

Me late un montón vernos el sabado!!!
Porfaplis vamos al cine no?

Cuidate mucho ok?

Carmen López y Martí dijo...

Cuando llegue ese día, querida Getzse, que yo sé que llegará porque estás destinada a ello, créeme; esté donde esté, seré inmensamente feliz porque finalmente habrá florecido, en todo su esplendor, esa hermosa flor que eres, mi muy querida Getzsemane. Y no dudes, ¡ni por un momento!, que eres capaz de superarme en esto de la escritura, porque así será, lo sé, y la gente se reconocerá en tí y en lo que expreses -de hecho, ya lo hace ;)-. Sigue aprendiendo de la vida y sigue escribiendo sobre ella. Hay muchas satisfacciones que experimentar en el futuro y tu futuro está lleno de esas satisfacciones, grande y pequeña, simples y complejas. La vida es así de maravillosa; así que, adelante, Getzse, sigue descubriéndola que tienes un don para manifestarla ante nuestros ojos de ávidos lectores. Te dejó un enorme, gigantesco abrazo y nos vemos bajo el cobijo de tu hermosos sauce.

Entonces es un hecho, Gwen. Nos vemos el sábado 23 de agosto a la hora que me digas en donde quieras para ver la película que se te antoje. Nos ponemos de acuerdo la próxima semana para afinar detalles, ¿te parece? Por cierto, no sabes lo que me acordé de tí viendo a Catherine Hepburn en el papel de "Jo March" en la versión de "Mujercitas" que dirigió George Cuckor a principios de la década de los 30. Y también me di cuenta que la versión de June Allyson no es más que un "remix" a color con algunas escenas adicionales ;) Ya te contaré cuando nos veamos. Te mando un fuerte abrazo y un beso.

Catherine McClelland dijo...

Mi muy querida Carmen, en vistas de que se ha hecho con un blogger, he decidido venir a visitarte.

Qué delicias en forma de palabras, querida! Qué sublime! Acabaré haciendome adicta de éste rinconcito tuyo. Porque tus palabras son magia.

Un enorme beso y abrazo

Lizz dijo...

Siempre lo digo, pero es completamente cierto que leer sus palabras es un elixir para los sentidos. Nos ha arrastrado hasta lejanas tierras y nos ha hecho sentir como si recorrieramos con usted ese maravilloso lugar.

Carmen dijo...

Gracias, Cathy querida por tus palabras de aliento y gracias también a tí, Lizz -a quien reconozco el dominio del agridulce placer de la sopresa ;)- por pasear tus ojos por la páginas de este álbum que es para todas vosotars